top of page

15 de febrero de 2026

TESOROS DEL CORAZÓN: LA VERDADERA PRIORIDAD DEL REINO

PASAJE BÍBLICO: MATEO 6:19-21

Gustavo Cáceres

Tesoros del corazón: la verdadera prioridad del reino


Contexto y marco del mensaje

La predicación se abre con una invitación a mirar al Sermón del Monte y, en particular, a la instrucción de Jesús sobre los tesoros. Se recuerda que la enseñanza no se trata de un tema aislado, sino de la orientación del corazón humano hacia cuál confianza y cuáles aspiraciones rigen la vida. El pasaje principal es Mateo 6:19-21, que contrasta dos escenarios posibles para la vida del creyente: atesorar en la tierra o atesorar en el cielo. El orador insiste en que la cuestión no es dónde se guarda el dinero, sino hacia qué se dirige el deseo más profundo del ser humano y qué gobierna en el corazón. Este énfasis se conecta con la experiencia cristiana cotidiana: el corazón es el lugar donde nacen las motivaciones, las decisiones y, en última instancia, la dirección en el caminar ante Dios.


El pasaje central

La enseñanza se centra alrededor de tres ideas clave que emergen de Mateo 6:19-21. Primero, el llamado a no hacer tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corrompen y donde los ladrones minan y hurtan. Segundo, el mandato a hacer tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido pueden destruir ni los ladrones pueden robar. Tercero, la afirmación determinante: donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Estas palabras no son meras instrucciones éticas, sino un diagnóstico espiritual: a dónde dirigimos nuestra ambición revela quién gobierna nuestro corazón. La predicación recalca que el tesoro no es sólo una cuestión de dinero, sino de lo que valoramos, de lo que priorizamos ante el Señor y de la manera en que estructuramos nuestra vida para responder a la realidad de su reino.


Tesoros y la ilusión de la prosperidad

El mensaje aborda una preocupación contemporánea muy presente en la cultura: la tentación de buscar tesoros como si fueran garantías de seguridad, felicidad o estatus. Se advierte contra una lectura distorsionada que reduce tesoros a dinero o a beneficios materiales, y contra ideas de “tesoros en los cielos” como si existiera un mecanismo tipo cajero automático en el reino de Dios. En este punto, la predicación denuncia la manipulación que a veces circula en predicaciones de prosperidad, donde se promete que invertir en determinados actos espirituales o dar dinero asegurará abundancia celestial. El enfoque bíblico, sin embargo, es más profundo: no se trata de instrumentos de ganancia, sino de una reorientación del deseo humano hacia la gloria de Dios y la consumación de su reino. Esta advertencia no desatiende la realidad de las necesidades materiales, sino que propone una forma de vivir en la que la confianza en Dios y la prioridad del reino van por delante de la ansiosa búsqueda de riquezas temporales.


Tesoro del corazón: la prioridad verdadera del reino

La predicación despliega con claridad que el verdadero tesoro del cristiano es la relación y la obediencia a Cristo. El tesoro, en su sentido bíblico, se convierte en una señal de lo que amamos, de lo que nos define y de lo que gobierna nuestras decisiones. La enseñanza insiste en que el reino de Dios no es una colección de reglas externas, sino una reorientación radical del corazón: ¿qué ocupa el centro de nuestra vida? ¿qué impulsa nuestras metas, nuestros proyectos y nuestras relaciones? En este marco, la prioridad del reino no es una carga, sino una invitación a vivir de acuerdo con la gracia de Cristo, a administrar bien los recursos que Dios, en su misericordia, nos ha dado y a buscar, por encima de todo, caminar en la voluntad del Padre.


Guardando el corazón: la exhortación bíblica para la vida diaria

Un eje crucial es la exhortación a guardar el corazón, inspirado por Proverbios 4:23, que afirma: “Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón, porque de él mana la vida.” La predicación desarrolla la idea de que el corazón humano no es un vacío neutro, sino el centro activo de la vida moral y espiritual. ¿Quién está gobernando ese corazón? ¿Qué tesoros lo ocupan? Estas preguntas no buscan generar culpa, sino promover una autocomprensión honesta para que la persona pueda alinear sus deseos con la voluntad de Dios. La enseñanza propone prácticas espirituales concretas que ayudan a ese reoriento: la meditación de la Palabra, la oración centrada en Cristo y la vida de comunidad, ¿qué importan los tesoros que el mundo ofrece frente a los tesoros que El Señor promete? La comunidad de creyentes es invitada a mirar hacia la vida del reino, no hacia la seguridad que promete el mundo, recordando que las decisiones cotidianas –desde las finanzas hasta las relaciones– deben servir al fin último de glorificar a Dios y hacer discípulos.


Aplicación práctica para la vida personal y comunitaria

La predicación ofrece una invitación a revisar nuestras prioridades y a reorientar nuestras acciones hacia el reino. En lo personal, se anima a cada oyente a examinar sus tesoros: ¿están en cosas temporales que pueden desvanecerse o en la persona de Cristo y en la misión de su reino? En la vida comunitaria, la enseñanza propone prácticas que fortalecen la identidad del cuerpo de Cristo: la ética de la oración, la generosidad que nace de la gracia, la hospitalidad que abre puertas para que otros experimenten el amor de Dios, y una postura de testimonio público que no se avergüenza de la fe. Todo esto, en última instancia, apunta a una iglesia que es un testimonio vivo de la economía de Dios: una vida que cultiva tesoros celestiales y que, por ello, es capaz de transformar la vida de sus miembros y de las personas que los rodean.


Conclusión y exhortación final

La predicación concluye con un llamado a vivir desde la realidad de que los tesoros del corazón deben estar fijados en el reino de Dios y no en las riquezas efímeras de este mundo. El mensaje invita a la congregación a dejar que el corazón sea gobernado por la verdad del Evangelio, a apostar por una vida que prioriza la gloria de Dios, y a buscar la seguridad eterna en la presencia de Cristo. La verdadera libertad no se halla en la obtención de cosas, sino en la fidelidad a Cristo y en la confianza de que sus palabras dan vida y dirección. En última instancia, el tesoro del corazón es la persona de Cristo y la realidad de su reino, que redefine cada detalle de la vida cotidiana y da sentido eterno a cada decisión.

Preguntas respondidas en “Tesoros del corazón: la verdadera prioridad del reino”


¿Qué significa atesorar en el cielo y por qué es más seguro que atesorar en la tierra?

La enseñanza muestra que atesorar en el cielo no se refiere a acumular riquezas, bienes o logros materiales, sino a dar prioridad a lo que tiene vida eterna delante de Dios: la relación con Él, la obediencia a su reino y las obras que reflejan su gloria. En Mateo 6:19-21 se presenta una elección radical: no pongamos nuestra confianza en lo perecedero del mundo, donde la polilla y el óxido destruyen, ni en lo que otros pueden robar; más bien invitemos a construir tesoros en el cielo, donde nada puede dañarlos. El corazón, como indica el pasaje, tendrá su verdadera dirección donde esté nuestro tesoro. Colosenses 3:1-2 y Filipenses 3:14 ayudan a entender este equilibrio práctico: buscar las cosas de arriba y no aferrarnos a las cosas de la tierra. En la vida diaria, este tesoro celestial se manifiesta en una vida de generosidad, en la fidelidad a la enseñanza de Cristo y en una esperanza que no depende de circunstancias temporales. Por eso la predicación invita a evaluar dónde estamos invirtiendo nuestro tiempo, energía y recursos, recordando que la verdadera seguridad y satisfacción proviene de una vida alineada con el reino de Dios.


¿Cómo evitar la trampa de la prosperidad y qué hacer cuando el mundo promete seguridad a través de la riqueza?

La enseñanza responde con una advertencia clara contra una lectura distorsionada del “tesoro” que se debe buscar. No se trata de convertir la fe en un instrumento para obtener riquezas o prosperidad externa, sino de una reorientación del deseo hacia Dios y su reino. La advertencia contra la confianza en riquezas pasa por entender que no podemos servir a Dios y a las riquezas al mismo tiempo (Mateo 6:24). La Biblia llama a la moderación, la gratitud y el contentamiento (Filipenses 4:11-13) y a una economía de la gracia que no reduce la fe a una estrategia de abundancia. 1 Timoteo 6:6-10 advierte sobre el amor al dinero como raíz de todo tipo de mal, y 1 Juan 2:15-17 nos recuerda que no debemos amar al mundo ni las cosas que en él hay. En la práctica, la comunidad debe cultivar un estilo de vida de mayordomía responsable, aprender a dar con alegría (2 Corintios 9:6-8) y sostener a otros sin levantar pleitesía a la riqueza, recordando que la verdadera seguridad está en Dios.


¿Qué significa guardar el corazón y cómo sabemos si nuestra vida está gobernada por tesoros terrenales o celestiales?

La enseñanza destaca que el corazón es el centro de la vida moral y espiritual. Proverbios 4:23 dice: “Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón, porque de él mana la vida.” Esto implica una vigilancia espiritual: ¿qué cosas ocupan el primer lugar en nuestros afectos? ¿qué prioridades determinan nuestras decisiones, relaciones y planes? La predicación propone prácticas que ayudan a “guardar” el corazón: la Palabra que transforma, la oración que alinea la voluntad, y la vida comunitaria que corrige y edifica. Colosenses 3:2 y Filipenses 4:8 orientan la mente hacia lo verdadero, lo noble, lo justo y lo amoroso. En lo cotidiano, proteger el corazón significa reevaluar nuestras metas, sostener la fidelidad en medio de la presión social y cultivar una vida de gratitud que desarma la tentación de poner la seguridad en lo que pasa de moda o en lo que produce estatus.


¿Cómo practicar la generosidad y la hospitalidad sin que se caiga en la manipulación o el uso de la fe para obtener beneficios?

La predicación enseña que la generosidad y la hospitalidad deben emerger del corazón transformado por la gracia de Dios. 2 Corintios 9:7 subraya que cada uno debe dar “según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama a quien da con felicidad.” La motivación es la gracia recibida, no un “pago” para recibir más. La hospitalidad es también una expresión de amor práctico hacia los necesitados (Romanos 12:13; Hebreos 13:2). En la vida comunitaria, estas prácticas fortalecen la fe y abren puertas para que otros experimenten la gracia de Dios, evitando cualquier instrumentalización. La prédica invita a la transparencia, la predicación honesta y la evaluación constante de las motivaciones, para que la generosidad sea un testimonio libre de egoísmo y un canal para la edificación del cuerpo.


¿Qué significa buscar primero el reino de Dios cuando tengo responsabilidades concretas como deudas, familia y trabajo?

La enseñanza destaca que buscar el reino de Dios no niega nuestras responsabilidades, sino que reordena nuestras prioridades para que todo lo que hacemos esté atravesado por la realidad del reino. Mateo 6:33 invita a buscar primero el reino de Dios y su justicia, confiando en que Dios proveerá lo necesario. Esto implica planificación sabia y obediencia a la verdad de Dios en áreas como economía, familia, trabajo, etc. Colosenses 3:23-24 anima a hacer todo como para el Señor, lo que transforma la ética laboral y las relaciones familiares en un acto de adoración. En la práctica, priorizar el reino significa evaluar decisiones a la luz de si honran a Dios y si revelan la gracia del evangelio. No es negación de las responsabilidades, sino una reconfiguración de las metas hacia la gloria de Dios y la edificación del prójimo.


¿Cómo se ve en la vida diaria que el tesoro está en el reino y no en posesiones materiales?

La enseñanza propone una evidencia práctica: cuando las decisiones cotidianas reflejan una preocupación por la gloria de Dios y el bien de otros, cuando la oración y la Palabra guían la gestión de los recursos y cuando una vida rendida al Señor muestra un impacto en el entorno, el tesoro está en el reino. Efesios 2:10 recuerda que somos hechura de Dios, creados para buenas obras; 2 Corintios 9:6-8 habla de la semilla de la generosidad que produce gracia abundante. Además, ser una comunidad que practica hospitalidad, ayuda a los necesitados y comparte el evangelio, es una señal de que valoramos lo eterno. La vida diaria entonces se convierte en un testimonio de que el verdadero tesoro no es lo que se puede poseer, sino la relación con Cristo y la misión de su reino.


¿Qué dicen las Escrituras sobre la pobreza, la prosperidad y la brecha entre ellos en el marco del reino de Dios?

La predicación aborda la realidad de la pobreza y la prosperidad con una mirada bíblica que no promete abundancia terrenal como fin, sino fidelidad al maestro de la abundancia espiritual: Cristo. La Biblia llama a contentarse y a confiar en Dios en toda circunstancia (Filipenses 4:11-13). También advierte contra la idolatría de la riqueza (1 Timoteo 6:9-10) y enseña a cuidar de los necesitados (Proverbios 19:17; Mateo 25:35-40). El reino de Dios propone una forma de vida que no depende de la riqueza, sino de la gracia que transforma los recursos en oportunidades para la gloria de Dios y la edificación de la comunidad. En este marco, la iglesia está llamada a acompañar a los pobres, a promover la justicia y a usar los recursos para el bien común, manteniendo la mirada en la eternidad.


¿Qué papel tiene la comunidad de la iglesia en la realización de estos tesoros del corazón?

La predicación presenta a la iglesia como un cuerpo llamado a reflejar la economía del reino, donde la gracia de Dios se expresa en la acción colectiva. 1 Corintios 12 describe al cuerpo de Cristo como una unidad diversa que funciona para la edificación mutua; así, la generosidad y la hospitalidad se practican en una comunidad que acompaña a los necesitados, que enseña, ora y sirve en unidad. Además, Hechos 2:44-47 ilustra una comunidad que comparte, ayuda y prospera en una economía de gracia. En este marco, el tesoro del corazón se cultiva no solo en lo privado, sino también en la vida pública de la iglesia, donde la hospitalidad se transforma en misión, y la oración y la enseñanza sostienen a la congregación en la misión de hacer discípulos.


¿Cómo discernir si mis tesoros personales revelan una madurez espiritual o una idolatría encubierta?

La enseñanza propone un proceso de examen espiritual que invita a preguntar: ¿qué ocupa más mi tiempo, mi dinero, mis pensamientos y mis planes? ¿Mi vida demuestra confianza en Dios y deseo de honrarle, o revela un deseo desordenado de seguridad, estatus o control? 2 Corintios 13:5 anima a testar nuestra fe y a arrepentirnos cuando sea necesario. Mateo 6:19-21 y 6:33 ofrecen una guía para priorizar el reino sobre las riquezas terrenales, mientras 1 Timoteo 6:17-19 orienta a los ricos a colocar la esperanza no en la riqueza pasajera, sino en Dios, y a hacer buenas obras. En la práctica, este discernimiento se nutre de la oración, la lectura bíblica y la rendición de cuentas dentro de la comunidad de fe, permitiendo que la gracia de Dios reforme los deseos y haga de nuestras vidas una ofrenda agradable al que gobierna el reino eterno.

Av. Norte # 49-29 Club del comercio

Tunja, Boyacá - Colombia

comunidadbiblicagraciayvida@gmail.com

Tel: 3188108164 

Síguenos en YouTube, Facebook e Instagram 

¡Gracias por tu mensaje!

bottom of page