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21 de diciembre de 2025

PORQUE YO HARÉ

PASAJE BÍBLICO: HAGEO 2: 20-23

Josué Saldarriaga

Porque Yo Haré: Un Mensaje de Esperanza en Medio de la Incertidumbre


Introducción y Contexto del Libro de Hageo

La predicación "Porque Yo Haré" forma parte de una serie titulada "Dame, hijo mío, tu corazón", y analiza el último pasaje del libro profético de Hageo. La enseñanza comienza con un repaso de los mensajes anteriores del profeta Hageo, estableciendo el contexto espiritual en el que se desarrolla esta última profecía.


El mensaje explica que el libro de Hageo se estructura en torno a tres llamados fundamentales que Dios hace a su pueblo:


1. Un llamado a dar prioridad a Dios (Hageo 1): La predicación destaca cómo el pueblo se encontraba embelleciendo sus propias casas mientras el templo del Señor permanecía en ruinas, revelando un profundo desorden de prioridades que necesitaba ser corregido.


2. Un llamado a renovar el entendimiento (Hageo 2:1-9): La enseñanza señala cómo Israel miraba nostálgicamente hacia el pasado, comparando el templo reconstruido con la gloria del templo de Salomón, en lugar de mirar hacia adelante y reconocer lo que Dios estaba haciendo en ese momento. Este pasaje incluye la promesa del "Deseado de las naciones" que llenaría el templo con una gloria mayor que la primera.


3. Un llamado a la santidad (Hageo 2:10-19): El mensaje subraya cómo Dios llamaba al pueblo a dejar de presentarse inmundos ante Él y comenzar a vivir en santidad, con la promesa divina: "Desde este día os bendeciré".

Estos tres llamados revelan el deseo profundo de Dios de tocar y transformar el corazón del pueblo para que reflejara verdaderamente lo que decían conocer de Jehová.


El Contexto Histórico: Un Momento de Incertidumbre

La predicación profundiza en el contexto histórico en que se desarrolla esta última profecía de Hageo, situándola en el día 24 del mes noveno del segundo año del rey Darío. La enseñanza detalla el panorama geopolítico de aquel momento.

El imperio persa se encontraba bajo el gobierno de Darío I, quien había ascendido al trono tras la muerte inesperada de su predecesor Cambises II (posiblemente por accidente o suicidio). Esta transición abrupta había provocado una profunda desestabilización interna, con diversas regiones del imperio intentando independizarse, generando un escenario de rebeliones y tensiones políticas.

El mensaje señala cómo este contexto de inestabilidad se sumaba a la oposición activa que enfrentaban los judíos por parte de los pueblos vecinos, quienes se oponían ferozmente a la reconstrucción del templo. Darío, recién llegado al trono, buscaba preservar la unidad del imperio y reafirmar su autoridad sobre los territorios sometidos, lo que logró mantener durante aproximadamente 36 años.

La predicación recuerda el patrón histórico de cómo los grandes imperios se sucedían: los asirios fueron reemplazados por los babilonios, luego estos cayeron ante los persas (contexto actual del pasaje), y más adelante los griegos caerían frente a Roma. Cada imperio, por poderoso que pareciera, terminaba cayendo, y en medio de estos ciclos, Israel vivió largos periodos de dominio extranjero y cautiverio bajo Asiria, Persia, Grecia y Roma.

Para Zorobabel como gobernador de Judá, todo este entorno de guerras, inestabilidad política y oposición externa constituía un escenario legítimo de preocupación. Debía enfrentar no solo los desafíos administrativos y religiosos de la reconstrucción del templo, sino también la incertidumbre sobre el futuro del pueblo en un contexto donde el poder cambiaba constantemente.

Esta contextualización histórica sirve para establecer el telón de fondo de ansiedad e incertidumbre sobre el que resonaría la poderosa promesa divina contenida en Hageo 2:20-23.


El Mensaje de Dios a Zorobabel: "Porque Yo Haré"

La predicación centra su atención en el poderoso mensaje que Dios dirige a Zorobabel en Hageo 2:20-23. Este mensaje no se limita a ofrecer una respuesta inmediata a las inquietudes del gobernador, sino que transmite una certeza firme en medio de la incertidumbre, revelando propósitos divinos que trascienden ampliamente las preocupaciones del momento.

El mensaje comienza con la declaración: "Yo haré temblar los cielos y la tierra" (Hageo 2:21), palabras que hacen eco de una promesa anterior en el mismo capítulo (2:6). La enseñanza señala que este "temblor" no es simplemente un terremoto físico, sino también una descripción metafórica del modo en que Dios interviene en la historia humana para cumplir sus propósitos eternos.


La predicación destaca tres aspectos principales de la promesa divina:


- La soberanía de Dios sobre los reinos humanos: "Trastornaré el trono de los reinos y destruiré la fuerza de los reinos de las naciones" (Hageo 2:22). Esta afirmación recuerda que, aunque los imperios parezcan invencibles, Dios mantiene el control último sobre la historia y tiene el poder para derribarlos cuando sirve a sus propósitos.


- La manera en que Dios actúa en la historia: "Trastornaré los carros y los que en ellos suben, y vendrán abajo los caballos y sus jinetes, cada cual por la espada de su hermano" (Hageo 2:22). La predicación explica cómo a menudo Dios permite que los imperios caigan por sus propias divisiones internas, usando las mismas fuerzas que antes parecían formidables para ejecutar su juicio.


- La promesa personal a Zorobabel: "En aquel día... te tomaré, oh Zorobabel... siervo mío... y te pondré como anillo de sellar, porque yo te escogí" (Hageo 2:23). La enseñanza explora el profundo significado de ser "como anillo de sellar", símbolo de autoridad, identidad y valor incalculable, representando la relación especial entre Dios y aquellos a quienes escoge.


La Promesa Mesiánica y el Cumplimiento en Cristo

La predicación desarrolla profundamente la dimensión mesiánica de la promesa dada a Zorobabel, conectándola con otras profecías del Antiguo Testamento y su cumplimiento definitivo en Cristo. Esta sección crucial del mensaje establece cómo la declaración "Yo haré" trasciende el contexto inmediato para proyectarse hacia el plan redentor de Dios.

La enseñanza examina el libro de Daniel, particularmente las visiones sobre los reinos sucesivos representados en la estatua de Nabucodonosor (Daniel 2) y las cuatro bestias (Daniel 7). Estas profecías describen cómo los reinos terrenales (Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma) serían sucesivamente derribados hasta que finalmente aparecería un reino eterno establecido por "una piedra cortada no con mano" que representaba el reino mesiánico.

El mensaje conecta estas profecías con Hageo 2:21-22, mostrando cómo la declaración "Yo haré temblar los cielos y la tierra, y trastornaré el trono de los reinos" se alinea perfectamente con la visión de Daniel sobre el establecimiento del reino eterno de Dios. Ambos textos hablan de una intervención soberana de Dios en la historia que trasciende los poderes políticos humanos.

La predicación también recurre al Salmo 2, donde se describe cómo los reyes de la tierra "se levantan y los príncipes consultan unidos contra Jehová y contra su ungido", pero Dios responde: "Yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte". Esta referencia salmodial refuerza la visión de la soberanía divina sobre todos los poderes políticos y la inevitabilidad del establecimiento del reino mesiánico.


El Sello Personal: Zorobabel como Tipo de Cristo

La sección final de la predicación analiza la promesa personal dirigida a Zorobabel en Hageo 2:23: "En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel hijo de Salatiel, siervo mío, dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos."

La enseñanza profundiza en el significado de ser "como anillo de sellar". En la cultura antigua, el anillo de sellar era un objeto de inmensa importancia y valor personal: representaba la autoridad, identidad y posesión de su dueño. Cuando un rey entregaba su anillo a alguien, le estaba confiriendo autoridad para actuar en su nombre. Este anillo era guardado cuidadosamente, llevado cerca del corazón y nunca se separaba de su dueño.

El mensaje explica cómo esta promesa va más allá de Zorobabel como persona histórica, proyectándose proféticamente hacia el Mesías. Zorobabel, como descendiente de David y parte del linaje mesiánico (como confirman las genealogías en Mateo 1:12-13 y Lucas 3:27), se convierte en un tipo o figura que apunta hacia Cristo.


La predicación establece con claridad que esta promesa tiene una doble dimensión:


· Dimensión histórica inmediata: Ofrecía consuelo y seguridad a Zorobabel en su difícil tarea como gobernador, asegurándole la protección y el favor divinos en medio de la inestabilidad política.


· Dimensión profética mesiánica: Apunta hacia Cristo como el verdadero "anillo de sellar" del Padre, quien posee toda la autoridad y a través de quien Dios imprime su sello sobre su pueblo.


La Dimensión Mesiánica: De Zorobabel a Cristo

La enseñanza señala un contraste deliberado entre Conías (Jeconías) y Zorobabel. Mientras Dios había rechazado a Conías diciendo que ninguno de sus descendientes se sentaría en el trono de David (Jeremías 22:30), ahora estaba escogiendo a Zorobabel, nieto de Jeconías, para ser como su anillo de sellar. Esta aparente contradicción se resuelve en Cristo, el verdadero cumplimiento de la promesa davídica. La enseñanza elabora esta conexión a través de varios puntos:


- Zorobabel en las genealogías de Jesús: La predicación muestra detalladamente cómo Zorobabel aparece tanto en la genealogía de Mateo 1:12-13 como en la de Lucas 3:27, confirmando su lugar crucial en el linaje del Mesías. A través de su inclusión en estas genealogías, Zorobabel se convierte en un eslabón vital entre David y Cristo.


- La resolución del dilema de Jeconías: La enseñanza explica que, aunque Dios había declarado que ningún descendiente de Jeconías se sentaría en el trono (Jeremías 22:30), Cristo cumple esta profecía sin contradecirla, porque:

· En la genealogía de Mateo, José (padre legal pero no biológico de Jesús) desciende de Zorobabel por la línea de Abiud.

· En la genealogía de Lucas (posiblemente la de María), Jesús desciende de Zorobabel por la línea de Resa.

· Jesús es legalmente descendiente de David a través de José, pero biológicamente no desciende de Jeconías, cumpliendo tanto la promesa a David como la advertencia sobre Jeconías.


- El cumplimiento pleno en Cristo: La enseñanza explica que la promesa "te pondré como anillo de sellar" encuentra su cumplimiento perfecto en Cristo, quien:

· Es la imagen misma de Dios (Hebreos 1:3)

· Tiene toda autoridad en cielo y tierra (Mateo 28:18)

· Lleva el sello del Padre (Juan 6:27)

· Es el único que puede abrir los sellos del juicio divino (Apocalipsis 5:1-5)


Aplicación: La Seguridad del Pueblo de Dios en Tiempos Turbulentos


La enseñanza extrae principios aplicativos profundos de esta dimensión mesiánica y escatológica:


· Seguridad en nuestra identidad: Así como Zorobabel fue escogido como el anillo de sellar, los creyentes han sido escogidos en Cristo antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4). Esta identidad permanece segura independientemente de las circunstancias externas.


· Confianza en la soberanía divina sobre la historia: La declaración "Yo haré" nos recuerda que Dios no es un observador pasivo de los acontecimientos mundiales, sino el arquitecto soberano de la historia. Esto nos permite mantener la serenidad incluso en tiempos de agitación política y social.


· Esperanza escatológica: La promesa final de la victoria de Cristo sobre todos los reinos opositores nos permite vivir con una perspectiva de esperanza que trasciende las preocupaciones inmediatas y nos ancla en la certeza del triunfo definitivo de Dios.


· Propósito en la adversidad: Al igual que Zorobabel fue llamado a reconstruir el templo en medio de la oposición, los creyentes son llamados a participar en la edificación del reino de Dios incluso cuando enfrentan resistencia. La certeza del "Yo haré" divino garantiza que nuestros esfuerzos no son en vano.

Esta sección cristológica y profética del mensaje constituye verdaderamente el corazón teológico de la predicación, conectando la promesa histórica a Zorobabel con el gran arco narrativo de la redención que culmina en Cristo y su reino eterno.


Conclusión: Descansar en el "Porque Yo Haré" de Dios

La predicación concluye recordando que el mensaje central de Hageo 2:20-23 es la afirmación divina "Porque Yo haré". En tiempos de incertidumbre, caos político, oposición o dificultades personales, podemos descansar en la certeza de que Dios está obrando activamente para cumplir sus propósitos.

La enseñanza enfatiza que nuestra esperanza no descansa en la estabilidad de los reinos humanos, en nuestras propias capacidades o en circunstancias favorables, sino en la fidelidad de Dios a sus promesas. El mismo Dios que prometió a Zorobabel ser parte de su plan redentor, nos invita hoy a confiar en que Él está haciendo algo más grande de lo que podemos ver o imaginar.

El mensaje final es una invitación a girar nuestros corazones hacia Dios en confianza, sabiendo que su "Porque Yo haré" es la promesa más segura en la que podemos descansar, mientras trabajamos fielmente en lo que Él nos ha encomendado, como lo hizo Zorobabel al reconstruir el templo a pesar de las enormes dificultades que enfrentaba.

Preguntas respondidas en “Porque Yo Haré”


¿Por qué podemos confiar en Dios cuando vemos que los reinos y poderes del mundo parecen tan fuertes e intimidantes?

Podemos confiar en Dios porque Él es soberano sobre todos los reinos de la tierra. La predicación sobre Hageo 2:20-23 enfatiza esta verdad con la declaración divina: "Yo haré temblar los cielos y la tierra". Esta afirmación revela el control absoluto que Dios tiene sobre toda la creación. La palabra hebrea "temblar" (ra'ash) implica conmover o sacudir fundamentalmente lo que parece sólido e inamovible.

Este poder divino se extiende específicamente a los reinos humanos: "trastornaré el trono de los reinos y destruiré la fuerza de los reinos de las naciones" (Hageo 2:22). El término "trastornar" (haphak) significa "derribar" o "poner cabeza abajo", el mismo usado para describir la destrucción de Sodoma y Gomorra. La palabra "destruir" (shamad) implica exterminar sin posibilidad de recuperación.

Daniel 2:20-21 confirma esta soberanía: "Suyo es el poder y la sabiduría. Él muda los tiempos y las edades, quita reyes y pone reyes". El Salmo 33 nos recuerda que Dios creó los cielos con su palabra y observa a todos los hijos de los hombres. La historia demuestra repetidamente esta verdad: imperios aparentemente invencibles eventualmente cayeron, mostrando que ningún poder terrenal es permanente ante la soberanía de Dios.

Por tanto, aunque veamos potencias militares, económicas o ideológicas que parecen amenazar la fe cristiana, podemos descansar sabiendo que "no hay nada que las naciones, no hay nada que un rey puede hacer delante de Dios". Esto no nos exime del sufrimiento temporal, pero nos ofrece paz al saber que servimos a Aquel que tiene la última palabra en la historia.


¿Qué significa que Dios trastorne "los carros y los que en ellos suben" en el contexto de Hageo 2:22?

Cuando Hageo 2:22 menciona que Dios "trastornará los carros y los que en ellos suben", está utilizando una imagen militar poderosa para ilustrar cómo Dios neutraliza las fuerzas en que confían las naciones. En el contexto histórico, los carros representaban el armamento avanzado de la época, equivalentes a los tanques o aviones modernos, simbolizando la máxima expresión del poderío militar humano.

La predicación destaca cómo esta imagen conecta directamente con la experiencia histórica de Israel en el Mar Rojo, donde los carros de Faraón, la fuerza militar más temida de su tiempo, quedaron inservibles bajo el agua. Esta referencia habría sido inmediatamente reconocible para Zorobabel, recordándole cómo Dios ya había demostrado su capacidad para neutralizar el poderío militar más avanzado.

La frase "cada cual por la espada de su hermano" revela el método divino: Dios frecuentemente permite que los imperios caigan por divisiones internas. Como se ilustra en Jueces 7:22, donde Dios hizo que los madianitas se mataran entre sí, este patrón divino muestra que Él puede hacer que los enemigos de su pueblo "se atacan entre sí, que se destruyan entre sí" sin necesidad de intervención externa.

Esta verdad nos enseña a no temer a los poderes militares, tecnológicos o políticos que parecen amenazar al pueblo de Dios hoy. Como afirma el mensaje: "No hay cantidad de misiles que puedan llegar a siquiera tocarle... No hay nada que el hombre pueda inventar, pueda crear para hacerle frente a Dios". Nuestra confianza no debe estar en alianzas políticas o protecciones humanas, sino en el Dios que puede "hacer pedazos" cualquier fuerza en que el mundo confía.


¿Cómo puede Dios usar a personas imperfectas para cumplir sus propósitos eternos?

La historia de Zorobabel en Hageo 2:20-23 ilustra poderosamente cómo Dios usa personas de linajes problemáticos para cumplir sus propósitos. Zorobabel era nieto de Conías (Joaquín), uno de los últimos reyes de Judá que "hicieron lo malo delante de Dios". Esta infidelidad provocó un severo juicio divino en Jeremías 22:24-30: "Si Conías... fuera anillo en mi mano derecha, aun de allí te arrancaría", declarando además que ninguno de sus descendientes se sentaría en el trono de David.

Sin embargo, aproximadamente 48 años después, Dios toma a Zorobabel, descendiente directo de ese rey rechazado, y le dice: "te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí". Esta promesa representa una "reversión simbólica del juicio", demostrando que "los planes de Dios no dependen ni varían por causa del hombre".

Este patrón divino se repite en toda la Escritura. La genealogía de Jesús incluye personas como Tamar, Rahab, Rut y Betsabé, todas asociadas con circunstancias irregulares. David mismo cometió adulterio y asesinato. Pedro negó a Cristo, y Pablo había sido perseguidor de la iglesia.

Para nosotros, esta verdad significa que nuestros antecedentes familiares, fracasos pasados o luchas actuales no nos descalifican delante de Dios para serle útiles en sus planes, siendo esto únicamente posible por su inmensa gracia. Como señala la predicación: "Sus planes no dependen ni varían por causa del hombre". Dios no está limitado por nuestra imperfección; a menudo trabaja precisamente a través de ella para que su gracia sea más evidente.

Esto no significa que Dios tolere el pecado; demuestra que puede redimir incluso las situaciones más desesperadas. La historia de Zorobabel nos invita a no permitir que nuestro pasado nos haga dudar de que Dios pueda usarnos poderosamente. Este principio alcanza su cumplimiento supremo en Cristo, quien aunque era sin pecado, tomó nuestra naturaleza caída para redimirnos, transformando lo imperfecto en instrumento de su gloria.


¿Qué nos enseña la historia de Hageo sobre la relación entre obediencia y bendición en la vida cristiana?

Hageo ofrece una perspectiva equilibrada sobre la relación entre obediencia y bendición. A través de sus cuatro mensajes proféticos, vemos un desarrollo teológico que evita tanto el legalismo como la gracia barata.

En el primer mensaje (Hageo 1), la desobediencia del pueblo—priorizando sus casas mientras el templo permanecía en ruinas—resultó en consecuencias tangibles: "Habéis sembrado mucho, pero recogéis poco; coméis, pero no os saciáis... el que recibe salario, recibe salario en bolsa rota" (1:6). Esto ilustra que cuando desobedecemos y priorizamos incorrectamente, experimentamos un vacío que ninguna posesión material puede llenar.

El segundo mensaje (Hageo 2:1-9) muestra cómo la obediencia inicial del pueblo fue recompensada con la promesa de la presencia divina: "Yo estoy con vosotros" (2:4) y "mi Espíritu permanece en medio de vosotros" (2:5). La bendición aquí no es principalmente material sino espiritual: la presencia de Dios que fortalece y sostiene.

El tercer mensaje (Hageo 2:10-19) profundiza esta relación mostrando que la obediencia externa sin santidad interior es insuficiente. Una vez que responden al llamado a la santidad, Dios promete: "desde este día os bendeciré" (2:19). Esta bendición viene no como pago por obediencia, sino como expresión de gracia hacia corazones sinceros.

El mensaje final (Hageo 2:20-23) completa este desarrollo teológico mostrando que la bendición última—ser "como anillo de sellar"—viene por elección soberana de Dios: "porque yo te escogí". Esta promesa trasciende una relación transaccional para revelar la gracia electiva que opera incluso cuando parecería imposible.

Para nosotros hoy, Hageo enseña que la obediencia no es un medio para manipular a Dios para obtener bendiciones, sino nuestra respuesta agradecida a su gracia. Cuando obedecemos, experimentamos bendiciones que fluyen naturalmente de caminar en armonía con los diseños divinos, pero estas bendiciones son dones de gracia, no derechos ganados por nuestro mérito.


¿Cómo debe influir la promesa divina "Yo haré" en nuestra actitud frente a la evangelización y la misión?

La promesa divina "Yo haré" debe transformar radicalmente nuestra actitud hacia la evangelización y la misión. La predicación sobre Hageo 2:20-23 establece un contraste impactante entre la incertidumbre de nuestros esfuerzos humanos y la absoluta certeza de los planes divinos.

El mensaje ilustra este contraste mediante la historia de un hombre que dejaba sándwiches para habitantes de calle, sin saber el resultado de sus acciones. Eventualmente, 43 personas salieron de las calles gracias a ese simple gesto. La predicación aplica esta historia a nuestra responsabilidad misionera: "Si un hombre y un grupo de personas fueron capaces de cambiar su estilo de vida... y hacer parte de algo que parece impactar al mundo sin tener certeza alguna, ¿por qué nosotros escuchando los planes de Dios, no somos capaces de entregar nuestro corazón y cambiar nuestro estilo de vida?"

A diferencia de iniciativas humanas con resultados inciertos, la evangelización cristiana se fundamenta en certezas divinas. La predicación enfatiza: "Tenemos total certeza de que Jehová cumplirá, de que él vendrá una segunda vez y va a juzgar a las naciones". Esta certeza debe motivarnos a proclamar urgentemente: "El deseado de las naciones vino y vino a traer paz, y si no te arrepientes antes de que él venga por segunda vez, vas a recibir juicio y no hay nada que puedas hacer para enfrentarte a él".

La promesa "Yo haré" nos libera del peso de los resultados. No dependemos de nuestras estrategias, elocuencia o recursos para la efectividad del evangelio. Como la predicación señala a Zorobabel: "Tranquilo, yo me encargo de los negocios, yo me encargo de lo que va a suceder... Tú solo sírveme". Nuestra responsabilidad es simplemente ser fieles en proclamar, dejando los resultados en manos divinas.

Esta perspectiva también nos da confianza ante la oposición. La historia demuestra que "el nombre de Cristo sigue esparciéndose por el mundo" a pesar de persecución y resistencia. Ningún poder humano puede frustrar los propósitos divinos de extender su reino, lo que nos permite evangelizar con valentía y esperanza, independientemente de los obstáculos que enfrentemos.


¿Qué significa ser "como anillo de sellar" en la vida del creyente hoy?

Ser "como anillo de sellar" en la vida del creyente actual tiene profundas implicaciones para nuestra identidad y propósito en Cristo. La enseñanza explica que el anillo de sellar en el mundo antiguo tenía tres significados principales. Primero, simbolizaba autoridad delegada; se usaba para autenticar documentos oficiales, representando la autoridad del rey para actuar en asuntos del reino. Segundo, representaba identidad y representación; quien llevaba el anillo actuaba oficialmente en nombre del rey. Tercero, indicaba valor incalculable; el anillo de sellar era una de las posesiones más preciadas del monarca.

Para los creyentes hoy, ser "como anillo de sellar" significa primordialmente que somos portadores de la autoridad delegada de Cristo. Jesús declaró en Mateo 28:18-19: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos..." Esta autoridad delegada nos permite representar a Cristo en el mundo como sus embajadores (2 Corintios 5:20) y ejercer su autoridad espiritual contra las fuerzas del mal (Lucas 10:19).

Además, este simbolismo habla de nuestra identidad como representantes de Dios. La predicación enfatiza que, así como el anillo de sellar representaba al rey, nosotros representamos a Cristo ante el mundo. Esto significa que nuestras palabras y acciones deben reflejar fielmente el carácter y las prioridades de nuestro Rey. Como señala 1 Pedro 2:9, somos "linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable".

Finalmente, ser "como anillo de sellar" indica nuestro incalculable valor para Dios. En Cristo, hemos sido escogidos como posesión preciada de Dios, a pesar de nuestra indignidad inherente. Como afirma Malaquías 3:17: "Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe".

Este estatus como "anillo de sellar" no es algo que ganamos por nuestro mérito, sino un don gratuito de la gracia divina. Como Zorobabel, que recibió esta promesa simplemente porque "yo te escogí, dice Jehová", nuestra posición privilegiada se basa enteramente en la elección soberana de Dios. Sin embargo, este privilegio conlleva responsabilidad: debemos vivir de manera digna de nuestra identidad como representantes del Rey de reyes, ejerciendo su autoridad con humildad y reflejando fielmente su carácter en todas nuestras interacciones.


¿Cómo debemos entender la relación entre los planes de Dios para la primera y segunda venida de Cristo según Hageo?

El libro de Hageo, especialmente en el capítulo 2, presenta una notable yuxtaposición de profecías que se refieren tanto a la primera como a la segunda venida de Cristo. La predicación explica esta relación al comparar Hageo 2:6-7 con Hageo 2:21-22, mostrando cómo estos pasajes paralelos revelan aspectos complementarios del plan redentor de Dios.

En Hageo 2:6-7, encontramos la promesa: "De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones". Esta profecía, según la predicación, se refiere primariamente a la primera venida de Cristo, el "Deseado de las naciones". Aunque causó un temblor literal cuando murió (los evangelios registran un terremoto en ese momento), más profundamente provocó una conmoción espiritual en el mundo. Cristo vino y conmovió los corazones de quienes escucharon su mensaje, haciendo temblar lo que parecía sólido y permanente al exponer la fragilidad y corrupción de la condición humana.

Significativamente, esta primera conmoción culmina en paz: "Y daré paz en este lugar" (Hageo 2:9). La predicación explica que esta es la realidad de la primera venida de Cristo: aunque confronta al mundo con su pecado, injusticia y juicio (Juan 16:8), el resultado final es paz para aquellos que lo reciben. Cristo vino a traer reconciliación entre Dios y los hombres.

En contraste, Hageo 2:21-22 presenta una conmoción de naturaleza diferente: "Yo haré temblar los cielos y la tierra; y trastornaré el trono de los reinos y destruiré la fuerza de los reinos de las naciones". La predicación señala que este pasaje ya no habla del mismo suceso, sino de "los planes de Dios para su reino eterno", específicamente cuando Cristo vuelva por segunda vez. Mientras la primera venida trajo paz, esta segunda conmoción traerá juicio definitivo y establecimiento del reino eterno.

Esta relación entre ambas venidas se alinea con lo que vemos en todo el Nuevo Testamento: Cristo vino primero como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29), pero volverá como Rey de reyes y Señor de señores (Apocalipsis 19:16). La primera venida ofreció salvación; la segunda traerá juicio para los que rechazaron esa salvación.

La predicación conecta esta comprensión con Mateo 25:31: "Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria". Este pasaje describe precisamente la manifestación del reino eterno que Hageo anticipa.

Para nosotros hoy, este entendimiento de la relación entre ambas venidas nos urge a responder al mensaje de paz ofrecido en la primera venida de Cristo antes de enfrentar el juicio de su segunda venida. Como advierte la predicación: "El deseado de las naciones vino y vino a traer paz, y si no te arrepientes antes de que él venga por segunda vez, vas a recibir juicio y no hay nada que puedas hacer para enfrentarte a él".

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