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4 de enero de 2026

EL VALOR DE LA EXHORTACIÓN
SEGUNDA PARTE

PASAJE BÍBLICO: ESDRAS 5: 3-17

Hanz Ramírez

El Valor de la Exhortación: Retomando la Construcción del Templo


Un Llamado a Continuar la Lucha

La predicación retoma el estudio del capítulo 5 de Esdras, cuyo título "El Valor de la Exhortación" captura la esencia del mensaje: la manera ilustrativa en que Dios habla a su pueblo para que continúe en la lucha a pesar de las dificultades.

El mensaje desarrolla una comparación entre dos estados espirituales: estar "abatidos" y estar "luchando". El pueblo de Dios, aquellos llamados a restaurar el templo y la ciudad de Jerusalén, habían experimentado la hostilidad de los enemigos del Señor. En el capítulo 4 de Esdras, estos enemigos habían conseguido detener completamente la obra de reconstrucción, dejando al pueblo abatido y paralizado. Sin embargo, en el capítulo 5, algo transformador ocurre: el pueblo pasa de estar abatido a estar luchando. Aunque la lucha implica tensión y dificultad, representa un avance significativo respecto a la pasividad anterior.

Esta transición ofrece un paradigma para la vida espiritual contemporánea. La enseñanza invita a los oyentes a reflexionar sobre su propio peregrinaje espiritual: ¿Han estado "quietos", experimentando poco crecimiento espiritual o siendo poco productivos en su llamado supremo de honrar y glorificar al Señor? El anhelo expresado es que los creyentes pasen de la pasividad a la acción, que abandonen el estado de estar "cruzados de brazos" para involucrarse activamente en "edificar la casa del Señor".


La Distancia entre la Realidad y la Expectativa

La predicación ilustra vívidamente la brecha entre la realidad que enfrentaba el pueblo de Israel (un templo en ruinas) y la expectativa divina (un templo reconstruido para la gloria de Dios). Esta distancia no podía ser recorrida desde la pasividad; requería acción decidida. La enseñanza subraya que "estando en esta condición, nunca se iba a pasar de la realidad a la expectativa. Era necesario luchar para que pudiese llegar un día a tenerse el templo reconstruido".

Esta verdad trasciende el contexto histórico para convertirse en un principio espiritual atemporal: la transformación de nuestras circunstancias actuales hacia el ideal divino requiere esfuerzo, perseverancia y disposición para enfrentar la oposición. La vida cristiana no es pasiva sino activa, no es de resignación sino de lucha por los propósitos de Dios.


La Intervención Divina a través de los Profetas

El mensaje explica la cronología de los acontecimientos: después del exilio, cuando los babilonios habían destruido el templo y deportado a la población, Dios permitió que el pueblo retornara bajo el dominio persa con la misión específica de reconstruir el templo. Sin embargo, al llegar a Jerusalén, encontraron gran adversidad que eventualmente los sobrecogió, dejándolos pasivos y deteniendo la construcción.

En este momento crítico, Dios interviene levantando a los profetas Hageo y Zacarías para motivar al pueblo a cumplir la misión a la que habían sido llamados. La predicación destaca el carácter autoritativo de estos mensajes proféticos: Hageo exhorta al pueblo "en el nombre del Señor" a levantarse y edificar el templo, mientras que Zacarías les advierte que no repitan los errores de sus padres, quienes menospreciaron la palabra del Señor y consecuentemente sufrieron la disciplina divina.

Esta intervención profética ilustra un patrón recurrente en la historia de la redención: cuando el pueblo de Dios se estanca o desvía, Dios envía mensajeros que hablan con Su autoridad para recordarles su llamado y propósito. La gracia divina se manifiesta precisamente en esta persistencia de Dios en no abandonar a su pueblo a su propia inercia espiritual.


La Palabra Profética Más Segura

Un aspecto central de la predicación es la conexión que establece entre la exhortación profética en tiempos de Esdras y la "palabra profética más segura" que posee la iglesia hoy: las Sagradas Escrituras. El mensaje clarifica que esta expresión, tomada de 2 Pedro 1:19, se refiere a la Biblia en su totalidad: los 66 libros (39 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento) que constituyen la revelación escrita de Dios.

La enseñanza describe las Escrituras como "la antorcha con la cual Dios nos alumbra en medio de un lugar oscuro", utilizando la misma metáfora que emplea el apóstol Pedro. Esta revelación fue dada a través de "hombres escogidos" que, aunque no eran perfectos, fueron apartados (santos) por Dios con una misión especial: ser mensajeros de Su palabra, inspirados por el Espíritu Santo.

La predicación enfatiza que este privilegio de escuchar la palabra proveniente del Señor no quedó limitado al pueblo de Israel en tiempos de Esdras, sino que continúa siendo una realidad para la iglesia contemporánea a través de las Escrituras inspiradas.


La Verdadera Naturaleza de la Profecía

El mensaje ofrece una aclaración importante sobre la naturaleza de la profecía bíblica. Un profeta no es primordialmente alguien que adivina el futuro, como comúnmente se malinterpreta, sino "un portavoz", "una persona que habla en nombre de otro". En el contexto bíblico, un profeta del Señor es alguien que habla en nombre de Dios.

La predicación explica que, aunque en ciertos momentos históricos los profetas anunciaban eventos futuros como parte del mensaje divino, esta capacidad predictiva servía principalmente para validar su autoridad como mensajeros auténticos de Dios. Cuando sus predicciones se cumplían, esto evidenciaba que realmente Dios había hablado a través de ellos.

Esta comprensión de la profecía ayuda a entender mejor el ministerio de Hageo y Zacarías en Esdras 5: no estaban simplemente haciendo pronósticos sobre el futuro, sino comunicando la voluntad de Dios para el presente, exhortando al pueblo a la obediencia inmediata.


La Autoridad y Utilidad de las Escrituras

La predicación concluye reflexionando sobre un pasaje fundamental de 2 Timoteo 3:14-17, donde Pablo insta a Timoteo a persistir en lo que ha aprendido de las Sagradas Escrituras, las cuales "pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús". El énfasis recae sobre el origen divino de las Escrituras: son "inspiradas por Dios" y, precisamente por eso, poseen una utilidad incomparable para "enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia".

La enseñanza contrasta la abundancia de información disponible en la era contemporánea con la singularidad de la revelación divina. En un mundo donde "la información ha explotado exponencialmente" y donde diariamente se producen miles de artículos y notas de variable utilidad y veracidad, "nada es comparable a la revelación que viene de Dios mismo".

Este contraste subraya la importancia de valorar, estudiar y someterse a las Escrituras como la verdadera palabra de Dios, capaz de transformar vidas y capacitar al pueblo de Dios para toda buena obra.


El Sentido Espiritual del Mensaje

El mensaje integra historia bíblica, teología y aplicación práctica para comunicar una verdad central: la Palabra de Dios, sea a través de los profetas en el Antiguo Testamento o mediante las Escrituras completas en la era de la iglesia, tiene el poder de sacar al pueblo de Dios del estancamiento y la pasividad hacia la acción decidida por Sus propósitos.

La predicación invita implícitamente a los oyentes a examinar sus propias vidas a la luz de esta verdad: ¿Están abatidos o están luchando? ¿Han permitido que las dificultades los paralicen o están respondiendo a la exhortación divina para avanzar en los propósitos de Dios? ¿Valoran las Escrituras como la palabra autoritativa de Dios, capaz de equiparlos para toda buena obra?

El mensaje resuena con la convicción de que el mismo Dios que no abandonó a Israel a su pasividad, sino que intervino a través de Sus profetas para movilizarlos hacia la reconstrucción del templo, sigue interviniendo hoy a través de Su palabra para motivar a Su pueblo a cumplir los propósitos divinos, a pesar de la oposición y las dificultades.

En última instancia, "El Valor de la Exhortación" radica precisamente en esto: en su capacidad para transformar a un pueblo abatido en un pueblo que lucha, a creyentes pasivos en discípulos activos, a una iglesia estancada en una comunidad en movimiento hacia los propósitos eternos de Dios.

Preguntas respondidas en “El valor de la exhortación”


¿Por qué se afirma que la Biblia es la “palabra profética más segura” y qué rol juega en la vida del creyente contemporáneo?

La "palabra profética más segura" se refiere a las Sagradas Escrituras, el conjunto de 66 libros inspirados por Dios, que actúa como una antorcha en medio de la oscuridad, iluminando nuestro camino en un mundo confuso. La predicación enfatiza que esta Palabra, dada a través de hombres apartados por el Espíritu Santo, es completa y suficiente para enseñarnos, redargüirnos, corregirnos e instruirnos en justicia, equipándonos para toda buena obra (2 Timoteo 3:16-17). En 2 Pedro 1:19-21, se nos insta a estar atentos a esta profecía, confirmando que ningún profeta habló por su propia voluntad, sino movido por el Espíritu. En este marco, la profecía del Antiguo Testamento y el ministerio de los apóstoles en el Nuevo Testamento se concatenan para formar una guía única y estable para la vida de la Iglesia. La iglesia debe responder a esta prioridad con reverencia, escucha atenta y discernimiento. Si te sientes abrumado por la abundancia de información en el mundo actual, donde miles de mensajes compiten por tu atención, la Escritura se erige como la revelación incomparable de Dios, que nos lleva a la salvación por fe en Cristo. Además, la Biblia es descrita como lámpara que brilla en un lugar oscuro (Salmo 119:105; 2 Pedro 1:19), recordándonos que, en medio de un mundo saturado de información, la revelación de Dios permanece como la guía segura para caminar en la verdad. Su rol en tu vida es transformador: no solo informa, sino que aviva la fe, corrige el rumbo y nos prepara para servir, recordándonos que en Cristo encontramos la verdadera luz y esperanza para cada día.


¿Por qué un profeta no es principalmente alguien que adivina el futuro, según la biblia?

La predicación aclara que un profeta es ante todo un portavoz, alguien que habla en nombre de Dios, no un adivino o predictor del futuro. Aunque profetas como Hageo y Zacarías anunciaban eventos futuros para validar su autoridad, el núcleo de su ministerio era transmitir la voluntad de Dios para el presente, exhortando al pueblo a la obediencia. Esta definición corrige malentendidos comunes y nos ayuda a valorar la profecía bíblica como un llamado a la acción en el aquí y ahora. En Deuteronomio 18:18-19, Dios promete levantar profetas que pondrán sus palabras en la boca de sus mensajeros, y en 1 Corintios 14:3, la profecía edifica y exhorta a la iglesia. En medio de tus dudas sobre lo sobrenatural, recuerda que el evangelio nos centra en Cristo, el Profeta supremo (Hebreos 1:1-2), cuya Palabra nos guía a la obediencia y la fe, no a especulaciones. Así, la profecía verdadera siempre apunta a glorificar a Dios y transformar vidas, alineándonos con su plan redentor.


¿Cómo distingue la predicación entre la inspiración y la iluminación del Espíritu Santo en relación con la Palabra de Dios?

La predicación hace una distinción esencial: la inspiración fue el proceso por el cual el Espíritu Santo guió a los autores bíblicos para escribir la Palabra de Dios en el AT, completándola hasta el Apocalipsis, haciendo que la revelación sea completa y cerrada. Hoy, en la era post-Apocalipsis, operamos bajo la iluminación del Espíritu, que nos ayuda a entender, aplicar y proclamar esa Palabra ya dada, sin añadir nuevas revelaciones. Esto preserva la suficiencia de la Escritura mientras mantiene la dependencia del Espíritu para iluminar nuestra mente y corazón. En 2 Pedro 1:20-21, se afirma que ninguna profecía procede de interpretación privada, sino por el Espíritu; y en Juan 16:13, el Espíritu nos guía a toda verdad. Si te inquieta si las enseñanzas modernas pueden "añadir" a la Biblia, la verdad evangélica es que el Espíritu ilumina lo que ya está revelado en Cristo, la Palabra final de Dios (Hebreos 1:1-2), asegurando que nuestra fe se ancle en la revelación completa y transformadora del evangelio.


¿Qué significa perseverar en las Sagradas Escrituras?

Perseverar en las Escrituras implica una dedicación constante a estudiar, meditar y aplicar la Palabra de Dios, como Pablo exhorta a Timoteo a persistir en lo aprendido desde la niñez, sabiendo que proviene de Dios y equipa para la salvación y la buena obra. En un mundo de información efímera, la Biblia es la antorcha que ilumina nuestro camino, enseñándonos, corrigiendo y preparando para glorificar a Dios. Esto no es un ejercicio intelectual, sino un acto de fe que nos guarda del endurecimiento del corazón por el engaño del pecado (Hebreos 3:13). En Hechos 2:42, la iglesia primitiva perseveraba en la doctrina de los apóstoles, el partimiento del pan y las oraciones, creciendo en la gracia de Dios. Si dudas sobre cómo mantener la fe, la Palabra te invita a un compromiso diario, donde el evangelio de Cristo, nuestra esperanza de salvación, se convierte en el fundamento de tu peregrinaje, renovando tu mente y corazón para vivir en obediencia y gozo.


¿Qué significa que la exhortación a Edificar el templo tenga un alcance espiritual además de la realización material?

La predicación explica que, si bien el contexto histórico habla de la reconstrucción física del templo en Jerusalén, el verdadero “edificar” es la edificación de la comunidad de Dios, el cuerpo de Cristo. El templo físico simboliza la morada de Dios entre su pueblo; cuando Dios llama a levantar la obra, también llama a una renovación espiritual: santidad, obediencia y fidelidad. En ese sentido, la exhortación no se reduce a un plan de construcción, sino a una convocatoria a vivir conforme a la voluntad de Dios, a perseverar en la acción de Dios y a esperar la presencia de Dios con su pueblo. Este marco se apoya en la enseñanza bíblica de que las Escrituras son la guía para la vida de la fe, y que la voluntad de Dios se revela para sostener a la comunidad en medio de la lucha y para guiarla hacia la plenitud de su propósito.


¿Qué criterios deben guiar la evaluación de una exhortación para determinar si está en línea con Dios?

La enseñanza enfatiza que la correspondencia entre una exhortación y la voluntad de Dios se verifica a la luz de la Escritura. La palabra profética debe alinearse con lo que Dios ha revelado en Su Palabra y debe ser coherente con el carácter de Cristo y la misión de la Iglesia. Además, cuando la profecía se ha mostrado como palabra de Dios, su cumplimiento sirve como confirmación de la autoridad de quien habla en nombre del Señor. En este marco, la Iglesia debe practicar el discernimiento bíblico: testar toda palabra contra la Escritura, rechazar las enseñanzas que contradigan la revelación divina y aceptar aquello que fortalece la fe, edifica a la comunidad y promueve la gloria de Cristo. Para respaldo teórico, se citan pasajes como 2 Timoteo 3:16-17 y 1 Corintios 14, que enfatizan la soberanía de la Escritura y la importancia de que la profecía contribuya al crecimiento espiritual y a la edificación de la Iglesia, en armonía con la Palabra de Dios.


¿Qué nos enseña la predicación sobre la relación entre la profecía y la misión de la Iglesia en el mundo actual?

La prédica señala que la profecía, y la palabra de Dios en general, no están reservadas para el pasado; tienen una aplicación viva en la misión presente de la Iglesia. La proclamación de la Palabra, guiada por el Espíritu, prepara y equipa a la iglesia para anunciar el evangelio, sostenerla en la verdad y guiarla en la obediencia a la voluntad de Dios. En este sentido, la profecía se convierte en una fuente de motivación y dirección para la misión: recuerda que Dios habla para que Su pueblo viva con fidelidad, se mantenga firme ante la oposición y avance en la difusión del evangelio. Este marco se apoya en la integridad de las Escrituras (2 Tim 3:16-17) y en la praxis de la Iglesia en el Nuevo Testamento, que continúa confiando en la Palabra de Dios para guiar su testimonio en el mundo.

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