

28 de diciembre de 2025
EL VALOR DE LA EXHORTACIÓN
PASAJE BÍBLICO: ESDRAS 5: 1-2
Hanz Ramírez
El valor de la exhortación
Introducción y marco de la exposición
La predicación que se centra en Esdras 4, parte de un objetivo claro: comprender que la vida del pueblo de Dios está marcada por la adversidad y, aun así, por la fidelidad soberana de Dios. En este marco, se revisa la sesión anterior para recordar que el capítulo 4 aborda la “inevitable adversidad”: cómo aparecen obstáculos cuando se intenta reconstruir la casa de Dios y restablecer la adoración conforme a la voluntad divina. Esta inevitabilidad no es un indicio de fracaso sino una oportunidad para evaluar prioridades, fortalecer la fe y depender de la gracia de Dios en medio de la presión externa.
El contexto histórico y la motivación de la oposición
La enseñanza sitúa el relato en un periodo en el que el pueblo de Judá y Benjamín regresó del exilio con el propósito de reconstruir el templo en Jerusalén. Sin embargo, los enemigos de esa reconstrucción no estaban dispuestos a permitir que el proyecto avanzara sin obstáculos. Esos adversarios respondieron con una mezcla de presión política y sabotaje cultural: se oponían a la reconstrucción porque temían perder influencia y porque la restauración implicaba una separación de las prácticas paganas que habían ido entrándose en la vida del pueblo. El resultado práctico fue una campaña sostenida de hostilidad: intimidación, sobornos a funcionarios y denuncias ante el rey de Persia que causaron que la obra se detuviera temporalmente. Este marco histórico no es meramente un trasfondo; es la fábrica en la que se forja la enseñanza sobre cómo Dios llama a su pueblo a responder ante la adversidad con fidelidad y discernimiento.
La tensión entre pureza de adoración y alianzas con el mundo
Uno de los hilos centrales en la exposición es la insistencia en la pureza de la adoración y la vigilancia frente a tentaciones de sincretismo. A la luz de Esdras, la predicación subraya que la oposición no siempre se presenta como un ataque frontal; a veces se esconde en ofertas de “trabajar juntos” que, con una apariencia de cooperación, buscan contaminar la pureza del culto y la fidelidad a Dios. Este tema se relaciona con el llamado a no unir la luz con las tinieblas ni la justicia con la injusticia. En aquel contexto, los que habían regresado del exilio tomaron la decisión de no aceptar la colaboración de aquellos que aún llevaban prácticas paganas, entendiendo que la fidelidad al Señor exige separación de aquello que desfigura la adoración.
La demora de la obra y la necesidad de una lectura histórica cuidadosa
La predicación señala que la resistencia de los enemigos provocó un retraso significativo en la reconstrucción del templo, que se extendió por décadas. Más allá de la dimensión práctica, este punto muestra la realidad de que las obras de Dios en la tierra a veces transcurren en una tensión entre impulso humano y la paciencia divina. Para entender este tiempo, la enseñanza invita a una lectura diligente de la historia y de las dinastías persas; se reconoce que la cronología y el contexto político pueden resultar desafiantes y requieren un estudio cuidadoso para discernir los tiempos de Dios. Este énfasis no es un mero ejercicio académico, sino una herramienta pastoral para sostener la fe cuando el progreso parece lento y la oposición persiste.
La confianza en la soberanía de Dios frente a la adversidad
Aun cuando la narrativa describe oscuridad y presión, la predicación orienta la mirada hacia la soberanía de Dios. Se enfatiza que las pruebas no son definitorias de la misión de Dios, sino un terreno en el que su gracia se manifiesta para sostener a los suyos. En medio de la hostilidad y de las maniobras humanas, el pueblo es llamado a depender de Dios, a perseverar en la labor de edificar la casa de Dios, y a confiar en que, aunque las circunstancias exteriores sean desalentadoras, la promesa de Dios permanece firme.
La exhortación como valor central para la vida comunitaria
Un eje importante de la enseñanza es el valor de la exhortación en la vida de la iglesia. La sesión anterior no es solo una recapitulación; es también una invitación a escuchar, discernir y responder a la palabra de Dios con humildad y paciencia. La exhortación que emana de la Palabra, entendida en su gracia, fortalece la fe, alienta la obediencia y sostiene a la comunidad cuando las fuerzas del entorno parecen contrarias. En ese sentido, la predicación no minimiza la dificultad de la adversidad, sino que revela cómo Dios, a través de la exhortación fiel, equipa a su pueblo para enfrentarla con esperanza y resolución.
Aplicación pastoral para la vida de hoy
La enseñanza extrae de Esdras 4 principios duraderos para la iglesia contemporánea. Primero, la prioridad de la pureza de adoración frente a presiones culturales o políticas que empujen a compromisos. Segundo, la importancia de una exégesis cuidadosa de la historia bíblica para comprender los tiempos de Dios y mantenerse firme cuando el progreso aparente se retrasa. Tercero, la necesidad de sostenerse en la gracia de Dios, recordando que la oposición, aunque dolorosa, puede ser una oportunidad para crecer en fe, discernimiento y unidad comunitaria. Cuarto, la utilidad de la exhortación en la vida comunitaria: cuando la iglesia se exhorta mutuamente a la fidelidad, se fortalece para continuar la obra, incluso ante la hostilidad.
Conclusión: la exhortación como motor para la perseverancia
La predicación concluye que la exhortación, cuando está anclada en la Palabra y en la soberanía de Dios, se convierte en un motor poderoso para la perseverancia. Aunque los enemigos y las circunstancias externas puedan dañar el progreso visible, la gracia de Dios sostiene a su pueblo y lo llama a seguir construyendo conforme a su voluntad. El mensaje invita a la congregación a abrazar este valor: escuchar la exhortación, alinear el corazón con la voluntad de Dios y avanzar con la certeza de que la gracia de Dios es suficiente para sostener a los suyos hasta que la obra se complete conforme a su plan. En ese camino, la fe no se define por la rapidez de los logros sino por la fidelidad al Señor que sostiene y guía a su pueblo a través de la historia.
Preguntas respondidas en “El valor de la exhortación”
¿Qué papel desempeñaron los profetas Hageo y Zacarías en la reanudación de la reconstrucción del templo?
Esdras 5 comienza con una poderosa declaración: "Profetizaron Hageo y Zacarías hijo de Iddo, ambos profetas, a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén en el nombre del Dios de Israel". La predicación nos muestra cómo estos dos profetas fueron instrumentos cruciales que Dios levantó precisamente cuando el pueblo había abandonado la construcción del templo. Después de aproximadamente 20 años de retraso, cuando el desánimo había paralizado la obra y el pueblo se había enfocado en embellecer sus propias casas, Dios utilizó a estos profetas para exhortar al pueblo a regresar a su propósito original. Cada profeta lo hizo con un enfoque distinto pero complementario: Hageo confrontando directamente las prioridades equivocadas del pueblo ("¿Es para vosotros tiempo de habitar en vuestras casas artesonadas mientras esta casa está desierta?"), y Zacarías recordándoles las consecuencias que habían sufrido sus padres por desobedecer a los profetas anteriores. Esta exhortación profética fue tan efectiva que el versículo 2 de Esdras 5 nos relata la respuesta inmediata: "Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Salatiel y Jesúa hijo de Josadac, y comenzaron a edificar la casa de Dios". Esta respuesta activa demuestra el poder transformador de la Palabra de Dios cuando es proclamada con fidelidad. En lugar de quedarse paralizados por el miedo a los adversarios o resignados ante las dificultades, los líderes se levantaron y reanudaron la obra, cumpliendo así el propósito divino para el pueblo en ese momento histórico. Este patrón de proclamación fiel seguida de obediencia activa sigue siendo el modelo para la iglesia hoy, recordándonos que nuestra respuesta a la Palabra de Dios debe ser siempre "levantarnos y edificar".
¿Qué importancia tiene la exhortación en tiempos de desánimo y oposición?
La predicación revela el poder transformador de la exhortación cuando el pueblo de Dios se encuentra desanimado. En Esdras 5:1-2, vemos que la obra del templo, paralizada por la oposición, fue reactivada gracias a la intervención de los profetas Hageo y Zacarías, quienes exhortaron al pueblo a retomar la construcción. El término "exhortar" implica animar energéticamente, despertar, llamar a la acción con palabras firmes. Este valor de la exhortación se manifestó cuando el pueblo, que había abandonado la reconstrucción para enfocarse en embellecer sus propias casas (Hageo 1:4), respondió positivamente al mensaje profético. La Palabra nos dice: "Entonces se levantaron Zorobabel... y Jesúa... y comenzaron a edificar la casa de Dios." Este "levantarse" como respuesta a la exhortación divina es precisamente lo que marca la diferencia entre un pueblo derrotado y un pueblo que avanza a pesar de las dificultades. El Nuevo Testamento confirma este principio en Hebreos 3:13: "Exhortaos los unos a los otros cada día... para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado." Y en 1 Tesalonicenses 5:11: "Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis." La exhortación mutua no es opcional sino esencial para mantenernos firmes cuando enfrentamos oposición. Nuestra naturaleza débil tiende al desánimo y necesitamos la voz de la exhortación para recordarnos los propósitos de Dios. ¿Qué habría sido de la reconstrucción del templo sin Hageo y Zacarías? De igual manera, ¿qué será de nuestros propósitos espirituales sin la exhortación mutua? Cuando recibimos la Palabra de exhortación, debemos responder como lo hicieron Zorobabel y Jesúa: levantándonos y continuando la obra que Dios nos ha encomendado.
¿Qué significa realmente la profecía en la iglesia actual y cómo se relaciona con la predicación?
La predicación aclara que existe una diferencia significativa entre la profecía del Antiguo Testamento y la función profética en la iglesia del Nuevo Testamento. En Esdras 5, vemos a Hageo y Zacarías recibiendo revelación directa de Dios para comunicarla al pueblo. Eran instrumentos para la construcción de la revelación divina que aún estaba en proceso. Sin embargo, hoy contamos con lo que 2 Pedro 1:19 llama "la palabra profética más segura", es decir, las Sagradas Escrituras completas. La predicación nos recuerda que, mientras los profetas del Antiguo Testamento recibían nueva revelación, hoy el ejercicio profético consiste principalmente en anunciar la palabra ya revelada con autoridad espiritual para edificación, exhortación y consolación. En 1 Corintios 14:1-5, Pablo nos anima: "Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis... el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación." Este pasaje no sugiere recibir nueva revelación comparable a las Escrituras, sino aplicar la verdad bíblica con discernimiento espiritual a las situaciones actuales. La predicación contemporánea, cuando está firmemente anclada en la Palabra de Dios y guiada por el Espíritu Santo, cumple esta función profética: no añade a la revelación, sino que aplica la revelación completa a la vida de la iglesia. Este entendimiento evita dos extremos: por un lado, negar completamente la dimensión profética del ministerio de la Palabra hoy; por otro, abrir la puerta a supuestas "nuevas revelaciones" que puedan contradecir o añadir a la Escritura. La verdadera predicación profética hoy no dice "Dios me dio una nueva revelación", sino "Esto es lo que Dios ya ha dicho en su Palabra, y así se aplica a nuestra situación actual." Esta comprensión nos permite valorar el ministerio de la predicación como algo más que una mera exposición académica—es la voz de Dios hablando a través de Su Palabra ya revelada para guiar, corregir y alentar a Su pueblo.
¿Por qué es tan significativo que el texto diga "entonces se levantaron" como respuesta a la exhortación profética?
La frase "entonces se levantaron" en Esdras 5:2 constituye un punto de inflexión dramático en la narrativa y revela el poder transformador de la exhortación divina. La predicación enfatiza esta expresión porque marca el contraste entre la paralización previa y la nueva acción decidida. El "levantarse" no es simplemente un cambio de postura física, sino una metáfora poderosa de renovación espiritual, determinación y obediencia activa. Este verbo implica que el pueblo pasó de la pasividad a la acción, del desánimo a la esperanza, de la derrota a la determinación. La predicación nos recuerda que este "levantarse" es precisamente "lo que marca la diferencia entre un pueblo derrotado y un pueblo que avanza a pesar de las dificultades". Esta respuesta activa a la Palabra es el patrón bíblico constante. Abraham "se levantó" para obedecer cuando Dios le llamó (Génesis 22:3); Josué "se levantó" después de la muerte de Moisés para liderar al pueblo (Josué 1:2); los discípulos "se levantaron" para seguir a Jesús (Marcos 2:14); la iglesia primitiva "se levantó" ante la persecución para predicar con más valor (Hechos 4:31). En cada caso, levantarse representa la respuesta activa a la Palabra de Dios. La predicación nos confronta con esta pregunta penetrante: "¿Qué haces tú cuando escuchas la Palabra del Señor? ¿Te levantas o te quedas con los brazos cruzados?" Esta pregunta no es retórica, sino existencial, porque la diferencia entre un creyente que avanza espiritualmente y uno estancado radica precisamente en cómo responde cuando escucha la exhortación divina. El verdadero valor de la exhortación no se mide solo por su contenido teológico, sino por la respuesta que provoca en quienes la escuchan.
¿Cómo saber si es tiempo de volver a levantar lo que dejé inconcluso para Dios?
La predicación deja ver que el “tiempo” de Dios no siempre coincide con la comodidad humana. El pueblo había justificado su inactividad diciendo: “No ha llegado aún el tiempo” (Hag. 1:2), pero Dios, a través de Su Palabra, reveló que el problema no era el tiempo, sino las prioridades del corazón. Esdras 5:1–2 muestra que cuando Dios habla, Su voz rompe la pasividad espiritual y despierta una convicción santa que impulsa a actuar. El verdadero indicador de que es tiempo de volver a levantar lo que quedó inconcluso no es la ausencia de problemas, sino la claridad con la que Dios nos confronta por medio de Su Palabra. Cuando el Señor vuelve a poner carga en el corazón, cuando incomoda nuestra conciencia y nos llama a obedecer, ese es el “hoy” de Dios. Como enseña Hebreos 3:15: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”. En el evangelio, Cristo constantemente llama a responder de inmediato, porque la obediencia postergada suele convertirse en desobediencia prolongada.
¿Dios sigue obrando aun cuando Su pueblo ha fallado antes?
La predicación resalta una verdad profundamente consoladora: el fracaso humano no anula la fidelidad divina. El pueblo había cedido al temor, al desánimo y a la presión externa, y la obra quedó detenida por años; sin embargo, Dios no retiró Su llamado ni Su propósito. Esdras 5 muestra que el Señor volvió a hablar, volvió a enviar profetas y volvió a impulsar la reconstrucción. Esto revela un Dios que restaura y persevera con Su pueblo. Lamentaciones 3:31–32 declara que el Señor no desecha para siempre, sino que según la multitud de Sus misericordias tiene compasión. En el evangelio, esta gracia restauradora alcanza su máxima expresión en Cristo, quien busca al caído, levanta al arrepentido y lo reintegra a Su obra. Pedro negó al Señor, pero fue restaurado y comisionado nuevamente (Jn. 21). La predicación nos recuerda que Dios no trabaja con personas perfectas, sino con corazones dispuestos a responder cuando Él llama otra vez.
¿Qué enseña este pasaje sobre la relación entre la Palabra de Dios y la acción humana?
Esdras 5 establece un principio espiritual claro: la Palabra de Dios precede y produce la acción obediente. Primero “profetizaron Hageo y Zacarías”, y luego “se levantaron… y comenzaron a reedificar”. La predicación enfatiza que no fue la presión política ni el entusiasmo humano lo que reinició la obra, sino la voz de Dios hablando al corazón del pueblo. Esto enseña que la verdadera acción espiritual nace de una convicción producida por la Palabra y el Espíritu. Santiago 1:22–25 muestra que el oír sin obedecer es un autoengaño, pero la fe genuina se manifiesta en hechos concretos. En el evangelio, Jesús llama a una obediencia que fluye de escuchar Su palabra y ponerla en práctica. Así, la predicación afirma que toda obra que no nace de la Palabra carece de fundamento, y toda Palabra recibida correctamente produce transformación visible en la vida.
¿Cómo conecta esta reconstrucción del templo con el mensaje central del evangelio?
La predicación culmina mostrando que la reconstrucción del templo no es solo un evento histórico, sino una figura redentora que apunta al corazón del evangelio. El templo representaba la presencia de Dios en medio de Su pueblo, y su restauración señalaba el deseo de Dios de habitar nuevamente entre ellos. En el Nuevo Testamento, Jesús revela que Él mismo es el verdadero templo (Jn. 2:19–21), y que por medio de Su muerte y resurrección Dios establece una morada permanente con Su pueblo. La obra que se reanuda en Esdras 5 anticipa la obra perfecta de Cristo, quien edifica una casa espiritual formada por creyentes redimidos (1 P. 2:5). La predicación enseña que así como Dios llamó a Su pueblo a reconstruir, hoy nos llama a permitir que Él edifique nuestras vidas sobre el fundamento del evangelio. No se trata solo de restaurar estructuras externas, sino de una obra interior que glorifica a Dios y da testimonio de Su gracia salvadora.