

14 de diciembre de 2025
EL APOCALIPSIS DE CRISTO PARA SALVACIÓN Y PARA CONSAGRACIÓN
PASAJE BÍBLICO: EFESIOS 1: 15-17
Jhair Diaz
El Apocalipsis de Cristo para Salvación y para Consagración
Introducción: El conocimiento de Cristo como propósito fundamental
La predicación comienza estableciendo un principio fundamental para la vida cristiana: conocer a Cristo de manera profunda y espiritual debe ser el objetivo central de todo creyente. Basándose en Juan 17:3, donde Jesús declara en su oración al Padre: "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado", la enseñanza enfatiza que uno de los principales propósitos que Dios tiene para la humanidad, después de salvarla, es que podamos obtener un conocimiento profundo de quién es Jesucristo.
Este conocimiento no es meramente intelectual o teórico, sino transformador. A medida que avanzamos en nuestra vida de fe y vamos conociendo más espiritualmente a Cristo, este conocimiento comienza a afectar todos los aspectos de nuestra vida cristiana: nuestra vida como esposos, esposas, padres, jóvenes e hijos. Por ello, resulta imperativo que los cristianos busquemos continuamente un conocimiento más profundo, más espiritual y más elevado de quién es Jesucristo.
Medios para conocer a Cristo
La predicación señala tres medios fundamentales mediante los cuales podemos conocer a Cristo:
· A través de la Palabra de Dios: Las Escrituras son el medio principal para conocer a Cristo.
· Por el Espíritu Santo: El Espíritu de Dios mora en nosotros y lleva la palabra a una vida real en nuestra experiencia.
· Por medio de la comunión con la Iglesia: El mensaje enfatiza la importancia de la comunión con otros creyentes, explicando cómo al visitar diferentes iglesias y relacionarse con distintos hermanos, podemos descubrir aspectos de Cristo que no conocíamos.
El contexto de Efesios 1:15-17
La enseñanza se centra en Efesios 1:15-17, examinando primero el contexto de estos versículos. La expresión "por esta causa" en el versículo 15 remite a los versículos anteriores (13-14), que hablan de cómo el Espíritu Santo sella a los creyentes en el momento de ejercer la fe y creer en Jesús como el Cristo del Dios viviente. Este sellamiento, conocido en teología como la "inhabitación del Espíritu Santo", significa que el Espíritu mora en el interior del creyente.
El versículo 14 señala que este Espíritu es "las arras" (la garantía o anticipo) de nuestra herencia. Por causa de que tenemos el Espíritu Santo habitando en nuestros corazones, Pablo oraba a Dios por la iglesia en Éfeso, pidiendo algo que solo pueden tener aquellos que poseen el Espíritu Santo.
La oración de Pablo y el Espíritu de revelación
La predicación profundiza en la oración de Pablo en el versículo 17: "para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él". Pablo está pidiendo algo crucial para la salud espiritual de la iglesia en Éfeso (y por extensión, para toda la iglesia en todos los tiempos): el espíritu de sabiduría y revelación.
La enseñanza destaca una importante distinción textual en este versículo. En algunas traducciones, la frase aparece como "espíritu de sabiduría" (con "e" minúscula), mientras que en otras aparece como "Espíritu de sabiduría" (con "E" mayúscula). Esta distinción es significativa porque determina si Pablo está pidiendo un don espiritual (una actitud o disposición) o si está refiriéndose directamente al Espíritu Santo como fuente de sabiduría y revelación.
El Apocalipsis de Cristo: la revelación progresiva
El título del mensaje, "El apocalipsis de Cristo para salvación y para consagración", se refiere precisamente a esta revelación. La palabra griega "apocalipsis" significa "revelación" o "descubrimiento". La predicación explica que Dios revela a Cristo de manera progresiva en la vida del creyente con dos propósitos principales:
· Para salvación: La revelación inicial de Cristo como Salvador que nos libra del pecado y la condenación.
· Para consagración: La revelación continua y progresiva de Cristo que nos santifica y transforma a su imagen.
Esta revelación es absolutamente necesaria porque, como explica la enseñanza, los seres humanos estamos naturalmente ciegos a las realidades espirituales. Solo mediante la obra del Espíritu Santo podemos comprender verdaderamente quién es Cristo y cómo opera en nuestra vida.
La ceguera espiritual y la necesidad de iluminación
La predicación desarrolla el tema de la ceguera espiritual utilizando pasajes como 1 Corintios 2:14, que afirma: "El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente". Sin la iluminación del Espíritu Santo, somos incapaces de comprender las verdades espirituales sobre Cristo.
Esta ceguera espiritual no afecta solo a los no creyentes, sino también a los creyentes cuando se trata de comprender aspectos más profundos de Cristo. Por eso Pablo ora por los cristianos de Éfeso (que ya habían recibido la salvación) para que reciban espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de Cristo.
El objetivo final: los ojos del entendimiento iluminados
Continuando en Efesios 1:18, la predicación muestra cómo Pablo pide que sean "iluminados los ojos de vuestro entendimiento". El propósito de esta iluminación es triple:
· Para que sepamos "cuál es la esperanza de su llamamiento"
· Para conocer "cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos"
· Para entender "cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos"
Aplicaciones prácticas: cómo este conocimiento transforma nuestra vida
La enseñanza concluye explicando cómo este conocimiento revelado de Cristo impacta prácticamente nuestra vida cristiana:
· Transforma nuestra adoración: Al conocer mejor quién es Cristo, nuestra adoración se vuelve más profunda y auténtica.
· Reforma nuestras relaciones: El conocimiento de Cristo influye en cómo nos relacionamos con nuestros cónyuges, hijos, padres y con toda la comunidad de fe.
· Reorienta nuestras prioridades: Empezamos a valorar lo que Cristo valora y a vivir para lo que realmente importa.
· Renueva nuestra mente: Comenzamos a pensar según la mente de Cristo, evaluando todo desde una perspectiva eterna.
· Restaura nuestro propósito: Entendemos que fuimos creados y redimidos para conocer a Cristo y hacer que otros le conozcan.
Conclusión: la búsqueda continua de conocer a Cristo
La predicación finaliza con un llamado a buscar constantemente un conocimiento más profundo de Cristo, no contentándonos con un conocimiento superficial o estático. Este conocimiento no es un fin en sí mismo, sino que debe conducir a una mayor semejanza con Cristo y a una vida que lo glorifique en todas sus dimensiones.
El mensaje enfatiza que esta revelación progresiva de Cristo es obra del Espíritu Santo y que debemos depender completamente de Él, reconociendo nuestra incapacidad natural para comprender las cosas espirituales, pero confiando en que Dios está comprometido con revelarnos cada vez más de su Hijo para que podamos conocerle, amarle y seguirle más fielmente.
Preguntas respondidas en “El apocalipsis de Cristo para salvación y para consagración”
¿Por qué es tan importante conocer profundamente a Cristo y no conformarnos con un conocimiento superficial?
Conocer profundamente a Cristo constituye el núcleo mismo de la vida cristiana auténtica. Como se enfatiza en la predicación, este conocimiento no es simplemente acumular información teológica sobre Jesús, sino experimentar una revelación progresiva y transformadora de su persona. Juan 17:3 establece esta verdad fundamental cuando Jesús declara en su oración: "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado". Aquí, el conocimiento de Cristo no es presentado como un aspecto opcional para el creyente avanzado, sino como la esencia misma de la vida eterna.
Este conocimiento profundo es transformador porque, como enseña la predicación, afecta todas las dimensiones de nuestra existencia. Cuando verdaderamente conocemos a Cristo, esto impacta nuestra vida como esposos, esposas, padres, hijos, trabajadores y miembros de la iglesia. Pablo mismo modelaba esta prioridad cuando expresó en Filipenses 3:8: "Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor". Para Pablo, conocer a Cristo no era simplemente uno entre muchos objetivos espirituales, sino el objetivo supremo por el cual estaba dispuesto a sacrificarlo todo.
Conformarnos con un conocimiento superficial de Cristo sería como un matrimonio donde los esposos solo conocen datos biográficos el uno del otro, pero nunca profundizan en una intimidad verdadera. Dios no nos ha llamado a una religión de hechos y rituales, sino a una relación transformadora donde cada día descubrimos nuevas dimensiones de quién es Cristo para nosotros. Este conocimiento profundo es lo que nos sostiene en tiempos de prueba, lo que da propósito a nuestro servicio y lo que gradualmente nos conforma a su imagen mientras lo contemplamos (2 Corintios 3:18).
¿Qué significa realmente el término "apocalipsis" cuando hablamos del "apocalipsis de Cristo"?
El término "apocalipsis" ha sido malentendido popularmente como sinónimo de destrucción o catástrofe, pero como aclara la predicación, esta palabra griega (ἀποκάλυψις/apokalypsis) significa simplemente "revelación" o "descubrimiento". Cuando hablamos del "apocalipsis de Cristo", nos referimos al proceso por el cual Dios revela o descubre quién es Cristo ante nuestros ojos espirituales, quitando el velo que nos impide verlo claramente.
Este concepto es precisamente lo que Pablo ora por los efesios en Efesios 1:17 cuando pide que Dios les dé "espíritu de sabiduría y de revelación [apocalipsis] en el conocimiento de él". Pablo no está pidiendo que los creyentes reciban información adicional sobre Cristo, sino que experimenten una revelación bíblica que les permita comprender verdaderamente quién es Cristo en toda su gloria y significado.
Entender correctamente este término es crucial porque nos muestra que conocer a Cristo no es principalmente un ejercicio académico o intelectual, sino una obra sobrenatural de Dios. En 2 Corintios 4:6, Pablo explica esto claramente: "Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo". Así como en la creación Dios habló y la luz brilló en la oscuridad, también en nuestra salvación y santificación Dios debe hablar para que la luz del conocimiento de Cristo resplandezca en nuestros corazones.
Este entendimiento nos libra de la autosuficiencia espiritual y nos lleva a una humilde dependencia de Dios, reconociendo que sin su revelación sobrenatural, permanecemos ciegos a las glorias de Cristo, por más que estudiemos o nos esforcemos. El verdadero apocalipsis de Cristo es un don divino que debemos buscar continuamente en oración.
¿Cuál es la diferencia entre el "apocalipsis de Cristo para salvación" y el "apocalipsis de Cristo para consagración"?
La predicación establece una distinción fundamental entre dos manifestaciones o "apocalipsis" de Cristo que ocurren en diferentes momentos de nuestra jornada espiritual. El primero es el "apocalipsis de Cristo para salvación", que ocurre en el momento inicial de nuestra conversión. En este primer encuentro revelador, Cristo se manifiesta a nosotros como Salvador, mostrándonos nuestra condición pecaminosa y su obra redentora en la cruz. Esta revelación inicial es lo que Jesús describió a Nicodemo en Juan 3:3: "El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios". Sin esta revelación sobrenatural, permanecemos ciegos a nuestra necesidad de salvación y a la provisión de Dios en Cristo.
El segundo es el "apocalipsis de Cristo para consagración", que es una revelación continua y progresiva que ocurre a lo largo de toda nuestra vida cristiana después de la conversión. Esta no es una revelación nueva que contradice o añade a la Escritura, sino una iluminación creciente que nos permite comprender y experimentar más profundamente las verdades ya contenidas en la Palabra de Dios. Es lo que Pablo describe en 2 Corintios 3:18: "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor".
La diferencia crucial entre ambas es que la primera nos lleva de la muerte a la vida, mientras que la segunda nos lleva de gloria en gloria dentro de la vida. La primera es un evento único que inaugura nuestra relación con Dios, mientras que la segunda es un proceso continuo que profundiza y enriquece esa relación. La primera establece nuestra posición en Cristo, mientras que la segunda transforma progresivamente nuestra condición práctica para alinearla con esa posición.
Ambos tipos de revelación son igualmente sobrenaturales y necesarios. Sin el apocalipsis para salvación, no entramos en el reino de Dios. Sin el apocalipsis para consagración, permanecemos como bebés espirituales, nunca madurando ni experimentando la plenitud de lo que significa conocer a Cristo en todas las dimensiones de nuestra vida.
¿Por qué necesitamos el Espíritu Santo para conocer realmente a Cristo, y no es suficiente con estudiar la Biblia o escuchar predicaciones?
La predicación enfatiza una verdad fundamental que encontramos en 1 Corintios 2:14: "El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente". Existe una incapacidad inherente en los seres humanos para comprender las realidades espirituales sin la ayuda del Espíritu Santo, incluyendo el verdadero conocimiento de Cristo.
Estudiar la Biblia y escuchar predicaciones son medios esenciales que Dios usa para revelarnos a Cristo, pero sin la iluminación del Espíritu Santo, estos medios por sí solos no producirán un conocimiento transformador. Podemos ver esto claramente en los fariseos del tiempo de Jesús, quienes conocían meticulosamente las Escrituras pero no reconocieron al Mesías cuando estuvo delante de ellos. Como Jesús les dijo en Juan 5:39-40: "Escudriñáis las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida".
El Espíritu Santo es absolutamente necesario porque él es quien quita el velo de nuestros corazones para que podamos ver a Cristo. Es por eso que Pablo ora específicamente en Efesios 1:17-18 pidiendo que Dios les dé "espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento". Esta iluminación interior es obra exclusiva del Espíritu Santo.
Además, el Espíritu Santo tiene una misión específica en relación con Cristo. Jesús mismo lo explicó en Juan 16:14: "El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber". El Espíritu no habla de sí mismo, sino que su ministerio consiste en revelar y glorificar a Cristo en nosotros. Él toma las verdades objetivas sobre Cristo en la Escritura y las hace subjetivamente reales y transformadoras en nuestra experiencia.
Por lo tanto, mientras estudiamos la Biblia y escuchamos enseñanzas, debemos hacerlo en constante dependencia y oración por la iluminación del Espíritu Santo, reconociendo que sin su ayuda, solo acumularemos información sin experimentar transformación.
¿Cómo afecta el conocimiento de Cristo a nuestras relaciones familiares y personales?
El conocimiento profundo y revelado de Cristo impacta radicalmente todas nuestras relaciones, comenzando por las más cercanas en el hogar. Como señala la predicación, cuando verdaderamente conocemos a Cristo, este conocimiento "empieza a afectar mi vida como esposo... como esposa... como padre... como joven... como hijo". No se trata de un conocimiento teórico aislado, sino de una revelación que transforma cada dimensión de nuestra existencia.
En el matrimonio, conocer a Cristo transforma la manera en que los esposos se relacionan entre sí. Efesios 5:25-27 instruye: "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella". Cuanto más profundamente un esposo conoce cómo Cristo ama a la Iglesia —con sacrificio, ternura, paciencia y gracia— más capacitado está para amar a su esposa de la misma manera. De igual forma, cuando una esposa comprende verdaderamente la relación de amor y sumisión entre Cristo y la Iglesia, encuentra un modelo divino para su propia relación matrimonial.
Para los padres, conocer a Cristo afecta profundamente la manera en que crían a sus hijos. En lugar de reaccionar desde la frustración o el egoísmo, comienzan a reflejar la paciencia, la disciplina amorosa y la gracia que Cristo muestra hacia nosotros como sus hijos. Colosenses 3:21 advierte: "Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten". Este mandamiento toma una nueva dimensión cuando los padres conocen el corazón de Cristo hacia los pequeños y vulnerables.
Los hijos que crecen en el conocimiento de Cristo aprenden a honrar a sus padres no por temor o mera obligación, sino como expresión de su amor por Cristo. Efesios 6:1 enseña: "Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo". La obediencia "en el Señor" fluye de una relación viva con Cristo, no de reglas externas.
En todas nuestras relaciones, el conocimiento de Cristo nos lleva a practicar el perdón, la paciencia, la humildad y el amor sacrificial, cualidades que reflejan el carácter de Cristo. Como nos exhorta Colosenses 3:13: "Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros... de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros".
Este impacto transformador en nuestras relaciones no es automático ni instantáneo; es el fruto natural de una revelación progresiva de Cristo que, a medida que contemplamos su gloria, nos va conformando cada vez más a su imagen en todas las áreas de nuestra vida.
¿Qué significa tener "los ojos del entendimiento iluminados" y cómo se relaciona esto con nuestra experiencia cristiana diaria?
Tener "los ojos del entendimiento iluminados", como menciona Pablo en Efesios 1:18, describe una transformación profunda en nuestra percepción espiritual. La predicación explica que esta iluminación no se refiere a una capacidad intelectual mejorada, sino a una visión espiritual que nos permite percibir realidades divinas que son invisibles para el entendimiento natural.
Esta metáfora visual es poderosa porque señala que sin iluminación divina somos como ciegos espirituales. Podemos tener ojos físicos perfectamente funcionales y una mente aguda, pero permanecemos incapaces de ver y comprender las realidades espirituales. Jesús mismo utilizó esta metáfora cuando reprendió a la iglesia de Laodicea en Apocalipsis 3:17-18: "...y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que... unjas tus ojos con colirio, para que veas".
En nuestra experiencia cristiana diaria, tener los ojos del entendimiento iluminados significa que comenzamos a percibir la vida desde una perspectiva completamente nueva. Las circunstancias difíciles ya no son vistas meramente como problemas, sino como oportunidades para experimentar el poder de Cristo. Las bendiciones materiales ya no son simplemente buena suerte, sino expresiones de la bondad de Dios. Las relaciones ya no se ven solo en términos humanos, sino como oportunidades para manifestar el amor de Cristo.
Esta iluminación también nos permite ver tres realidades específicas que Pablo menciona en Efesios 1:18-19: "la esperanza a que él os ha llamado", "las riquezas de la gloria de su herencia en los santos" y "la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos". Cuando nuestros ojos espirituales son iluminados, comenzamos a vivir motivados por la esperanza de nuestro destino eterno, conscientes de nuestro valor inmenso como posesión preciada de Cristo, y confiados en el poder sobrenatural de Dios que obra en nuestra debilidad.
Esta iluminación no es un evento único, sino un proceso continuo. Como expone la predicación, cada día necesitamos que el Espíritu Santo nos ayude a ver a Cristo más claramente en su Palabra, en nuestras circunstancias y en nuestras relaciones. Cuando esto ocurre, nuestra experiencia cristiana diaria se transforma de un conjunto de rutinas religiosas en un encuentro vivo y dinámico con Cristo, cambiando fundamentalmente cómo percibimos todo a nuestro alrededor.
¿Por qué la revelación de Cristo debe ser progresiva y no algo que recibimos completamente de una vez?
La revelación de Cristo debe ser progresiva porque nuestra capacidad para comprender y asimilar las verdades divinas es limitada, y porque Dios en su sabiduría ha diseñado nuestro crecimiento espiritual como un proceso, no como un evento instantáneo. Como señala la predicación, existe un "apocalipsis de Cristo para salvación" inicial, pero luego necesitamos un continuo "apocalipsis de Cristo para consagración" que se desarrolla a lo largo de toda nuestra vida cristiana.
Esta naturaleza progresiva refleja el patrón que vemos en toda la Escritura. Jesús mismo dijo a sus discípulos en Juan 16:12: "Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar". Incluso después de tres años con Jesús, los discípulos no estaban preparados para recibir toda la verdad de una sola vez. De manera similar, el autor de Hebreos reprende a sus lectores porque, cuando "debieran ser ya maestros", todavía necesitaban "leche" en lugar de "alimento sólido" (Hebreos 5:12).
La revelación progresiva de Cristo también refleja la naturaleza de cualquier relación profunda. No conocemos completamente a nuestros amigos o cónyuges en un día o un año; el conocimiento genuino y profundo se desarrolla con el tiempo, a través de diversas experiencias y conversaciones. De igual manera, nuestro conocimiento de Cristo se profundiza a medida que caminamos con Él a través de diferentes estaciones y circunstancias de la vida.
Además, recibir toda la revelación de Cristo de una vez sería abrumador. Pablo mismo, después de recibir una extraordinaria revelación celestial, necesitó "un aguijón en la carne" para mantenerlo humilde (2 Corintios 12:7). Nuestros corazones necesitan ser preparados y ampliados gradualmente para recibir revelaciones cada vez más profundas de la gloria de Cristo.
Esta naturaleza progresiva también significa que nunca debemos sentirnos satisfechos con nuestro conocimiento actual de Cristo. Como Pablo confiesa en Filipenses 3:12: "No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús". El verdadero conocimiento de Cristo siempre nos deja anhelando conocerlo más, y este anhelo es en sí mismo una señal de salud espiritual.
La revelación progresiva nos mantiene dependientes del Espíritu Santo, humildes en nuestro conocimiento, y siempre buscando una comprensión más profunda de quién es Cristo y lo que significa vivir en Él. Nos recuerda que la vida cristiana es un viaje, no un destino que alcanzamos completamente en esta vida.
¿Cómo podemos distinguir entre un conocimiento meramente intelectual de Cristo y un verdadero conocimiento revelado por el Espíritu Santo?
Distinguir entre un conocimiento meramente intelectual de Cristo y un verdadero conocimiento revelado por el Espíritu Santo es fundamental para nuestra vida cristiana. La predicación enfatiza que existe una diferencia radical entre estas dos formas de conocimiento, y que solo el segundo tiene poder transformador.
Un conocimiento meramente intelectual de Cristo se caracteriza por la acumulación de información teológica, datos históricos y conceptos doctrinales. Este tipo de conocimiento puede impresionar a otros e incluso hacernos sentir espiritualmente superiores, pero no necesariamente transforma nuestro carácter o reorienta nuestras prioridades. Pablo advierte sobre este peligro en 1 Corintios 8:1 cuando dice: "El conocimiento envanece, pero el amor edifica". Los fariseos ejemplifican perfectamente este conocimiento intelectual sin revelación espiritual; conocían las Escrituras meticulosamente, pero no reconocieron al Mesías cuando estuvo delante de ellos.
Por contraste, un verdadero conocimiento revelado por el Espíritu Santo se manifiesta en varias formas distintivas:
Primero, produce transformación de carácter. Como enseña 2 Corintios 3:18, cuando contemplamos la gloria del Señor por revelación del Espíritu, "somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen". Cuando realmente conocemos a Cristo por revelación, comenzamos a parecernos más a Él en carácter, exhibiendo el fruto del Espíritu.
Segundo, genera humildad en lugar de orgullo. Isaías, al tener una visión del Señor, exclamó: "¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios... han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos" (Isaías 6:5). La verdadera revelación de Cristo siempre nos hace más conscientes de nuestra propia insuficiencia y más asombrados por su gracia.
Tercero, produce amor por Cristo y por otros. Cuando Pedro recibió la revelación de quién era realmente Jesús (Mateo 16:16-17), esto encendió en él un amor que, aunque imperfecto, eventualmente lo llevó a dar su vida por Cristo. El conocimiento revelado no es frío y calculador, sino que calienta el corazón con amor.
Cuarto, lleva a la adoración espontánea. Cuando Juan tuvo su apocalipsis de Cristo en Apocalipsis 1:17, "cayó como muerto a sus pies". La verdadera revelación de Cristo no nos deja emocionalmente intactos, sino que genera asombro, gratitud y alabanza.
Quinto, resulta en obediencia práctica. Jesús dijo: "El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama" (Juan 14:21). El verdadero conocimiento de Cristo siempre nos lleva a ajustar nuestras vidas a su voluntad, no solo a asentir intelectualmente a sus enseñanzas.
Finalmente, el conocimiento revelado por el Espíritu Santo se manifiesta en nuestras prioridades y decisiones diarias. Afecta cómo gastamos nuestro tiempo, dinero y energía. Como Jesús dijo: "Donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón" (Mateo 6:21). Un conocimiento verdaderamente revelado de Cristo reorienta lo que valoramos y perseguimos.
¿Cómo podemos buscar y cultivar este conocimiento revelado de Cristo en nuestra vida diaria?
Buscar y cultivar un conocimiento revelado de Cristo no es un ejercicio místico abstracto, sino una disciplina espiritual práctica que podemos integrar en nuestra vida diaria. La predicación nos ofrece varias claves para desarrollar este conocimiento transformador.
En primer lugar, debemos reconocer nuestra total dependencia del Espíritu Santo y orar específicamente por revelación. Como Pablo, necesitamos pedir constantemente "espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él" (Efesios 1:17). Esta oración reconoce nuestra incapacidad natural para percibir las realidades espirituales y nuestra necesidad de iluminación divina. David modeló esta actitud de dependencia cuando oró: "Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley" (Salmo 119:18).
Segundo, debemos dedicar tiempo a la lectura meditativa de las Escrituras. La Biblia es el medio principal a través del cual Cristo se revela, pero debemos acercarnos a ella no solo para obtener información, sino para un encuentro transformador. Jesús reprendió a los fariseos diciendo: "Escudriñáis las Escrituras... y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida" (Juan 5:39-40). La lectura bíblica debe llevarnos siempre a un encuentro personal con Cristo.
Tercero, debemos practicar la comunión con la iglesia, donde experimentamos a Cristo en la comunidad. La predicación enfatiza que "cada vez que yo conozco una iglesia nueva y cada vez que visito a nuevos hermanos, empiezo a conocer aspectos de la vida de Cristo que yo no conocía". Pablo oró por los efesios para que "arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento" (Efesios 3:17-19). Notemos que este conocimiento se adquiere "con todos los santos", no aisladamente.
Cuarto, debemos vivir en obediencia a la luz que ya hemos recibido. Jesús prometió: "El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios" (Juan 7:17). La obediencia a la verdad ya revelada crea el ambiente propicio para recibir mayor revelación. La desobediencia, por otro lado, oscurece nuestra visión espiritual.
Quinto, necesitamos cultivar un espíritu de humildad y hambre espiritual. Jesús declaró: "Bienaventurados los pobres en espíritu" y "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia" (Mateo 5:3,6). La autosuficiencia y la complacencia espiritual bloquean la revelación de Cristo.
Finalmente, debemos estar dispuestos a ser pacientes en este proceso. El conocimiento revelado de Cristo es progresivo y requiere tiempo. Pedro nos exhorta a "crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (2 Pedro 3:18). Este crecimiento implica paciencia, perseverancia y una expectativa de que Dios continuará revelándonos a su Hijo a lo largo de toda nuestra vida.
Cuando integramos estas prácticas en nuestra vida diaria, creamos el espacio para que el Espíritu Santo nos revele continuamente a Cristo, transformándonos progresivamente a su imagen y capacitándonos para reflejar su carácter en todas las dimensiones de nuestra vida.