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7 de diciembre de 2025

DEJANDO DE ESTAR DEFINIDOS POR EL PECADO

PASAJE BÍBLICO: FILIPENSES 3:12-16

David Granados

Dejando de estar definidos por el pasado


Introducción

El mensaje comienza estableciendo la importancia de no permitir que nuestro pasado defina quiénes somos en Cristo. La predicación se basa principalmente en Filipenses 3:12-16, donde Pablo habla sobre olvidar lo que queda atrás y extenderse hacia lo que está adelante. Antes de adentrarse en el texto principal, la enseñanza ofrece contexto importante sobre la carta a los Filipenses.

La ciudad de Filipos era una colonia romana en Macedonia cuyos habitantes gozaban del estatus de ciudadanos romanos. Allí se encontraba la primera comunidad cristiana fundada por Pablo. La carta fue escrita durante el primer encarcelamiento del apóstol, alrededor del año 62 d.C. En el capítulo 3, Pablo alerta a los creyentes en Filipos sobre los falsos maestros, específicamente los judaizantes, que insistían en que los cristianos gentiles debían circuncidarse y guardar las leyes ceremoniales para ser salvos. Estos maestros presionaban a los filipenses para mirar hacia un pasado religioso (la ley mosaica y la tradición judía) como fuente de justificación, restando valor a la obra de Cristo.


El pasado de Pablo

La enseñanza destaca cómo Pablo comienza en Filipenses 3:4-11 haciendo una lista exhaustiva de sus privilegios y logros personales para demostrar que si alguien podía confiar en credenciales pasadas para alcanzar la justicia, era él. Su currículum era impresionante:

· Circuncidado al octavo día (siguiendo la ley judía)

· Del linaje de Israel

· De la tribu de Benjamín

· Hebreo de hebreos (de la élite de pureza judía)

· Fariseo (experto y celoso guardián de la ley)

· Irreprensible según la justicia de la ley

· Ciudadano romano con doble nacionalidad

Sin embargo, el mensaje subraya el sorprendente giro que da Pablo respecto a este impresionante historial. En Filipenses 3:7-8 declara: "Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor a Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo."

La predicación enfatiza que la palabra griega traducida como "basura" (σκύβαλα/skubala) es un término fuerte que significa estiércol, excremento o desechos. Pablo usa este lenguaje gráfico para enseñar que cualquier cosa del pasado—sea buena o mala—que intente reemplazar a Cristo o nos impida buscarlo, es completamente despreciable. Nada en nuestro pasado puede ocupar el lugar que solo Cristo, su obra, gracia y justicia deben tener en nuestra vida.


La metáfora de la carrera

La enseñanza explica que Pablo, conociendo las costumbres romanas y el contexto cultural de los filipenses, utiliza la metáfora del atletismo y las carreras para comunicar su mensaje de manera efectiva. Esta imagen de la carrera cristiana incluye elementos clave:

· Una carrera en progreso

· Un camino que recorrer

· Una meta que alcanzar

· Un premio que obtener

Esta metáfora sirve como puente hacia el pasaje principal del mensaje en Filipenses 3:12-16, donde Pablo habla de proseguir hacia la meta.


El mensaje central: Dejar de ser definidos por el pasado

El corazón de la predicación se centra en cómo todos tenemos un pasado con elementos que podrían intentar definirnos:

· Culpa

· Vergüenza

· Errores

· Pecados (aunque ya perdonados)

· Etapas de vida que ya no existen

· Cicatrices emocionales

· Heridas

· Relaciones pasadas

· Decisiones equivocadas

La enseñanza enfatiza que estos elementos de nuestro pasado intentan constantemente definir quiénes somos en el presente. El problema es que muchos creyentes, aunque han sido transformados por Cristo y son nuevas criaturas según 2 Corintios 5:17, siguen permitiendo que su pasado defina su identidad, limitando así su crecimiento espiritual y la efectividad de su testimonio.


La estrategia de Pablo: Olvidar lo que queda atrás

El mensaje profundiza en la estrategia de Pablo expresada en Filipenses 3:13-14: "Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús."

La predicación analiza tres aspectos clave de este pasaje:


1. La humildad de Pablo

Pablo reconoce que no ha alcanzado la perfección ni ha llegado a la meta final. A pesar de su impresionante currículum y sus experiencias espirituales extraordinarias, mantiene una actitud humilde reconociendo que sigue siendo un discípulo en proceso de crecimiento. Esta humildad es esencial para todo cristiano que desea crecer y no quedar atrapado en su pasado.


2. El enfoque singular: "Una cosa hago"

En medio de muchas distracciones posibles, Pablo decide concentrarse en "una cosa". Esta concentración demuestra una determinación extraordinaria y un propósito claro. El mensaje explica que esta concentración implica dos acciones simultáneas:


a) Olvidar lo que queda atrás - El verbo griego para "olvidar" no implica amnesia sino una decisión consciente de no permitir que el pasado determine el presente o el futuro. No es negar la existencia del pasado sino negarse a ser controlado por él.


b) Extenderse hacia lo que está adelante - La imagen es la de un corredor que se estira al máximo hacia la línea de meta, con todo su cuerpo inclinado hacia adelante. Representa la intensidad del compromiso y la determinación.


3. La meta clara y el premio supremo

Pablo prosigue hacia una meta definida: "el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús". La predicación explica que este premio no es simplemente la salvación (que ya poseemos por gracia), sino la plenitud de lo que significa ser conformados a la imagen de Cristo y cumplir el propósito para el cual fuimos creados y redimidos.


Aplicaciones prácticas

El mensaje desarrolla aplicaciones prácticas para dejar de ser definidos por el pasado:


1. Identificar las mentiras que hemos creído sobre nuestra identidad

La enseñanza explica que muchos creyentes han internalizado mentiras sobre quiénes son basadas en su pasado:

· "Siempre seré un adicto/fracasado/víctima..."

· "No puedo cambiar porque así he sido siempre"

· "Mis pecados son demasiado grandes para ser completamente perdonados"

· "No merezco una segunda oportunidad"

Estas mentiras contradicen directamente lo que la Palabra de Dios dice sobre nuestra identidad en Cristo.


2. Reemplazar esas mentiras con la verdad bíblica

La predicación enfatiza la importancia de renovar nuestra mente con la verdad de quiénes somos en Cristo:

· Somos nuevas criaturas (2 Corintios 5:17)

· Somos hijos amados de Dios (1 Juan 3:1)

· Somos justificados y perdonados (Romanos 5:1)

· Somos templos del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19)

· Somos más que vencedores (Romanos 8:37)


3. Adoptar una mentalidad de crecimiento constante en Cristo

El mensaje anima a mantener una actitud dinámica y progresiva en la vida cristiana. No debemos quedarnos estancados en el pasado ni conformarnos con logros espirituales anteriores. La vida cristiana es un "proseguir" constante, un avance continuo hacia la meta.


4. Vivir en una comunidad que afirma nuestra identidad en Cristo

La predicación señala la importancia de rodearnos de personas que nos vean según nuestra nueva identidad en Cristo, no según nuestro pasado. La comunidad cristiana debe ser un lugar donde se refuerce constantemente quiénes somos en Cristo, no quiénes fuimos en el pasado.


Conclusión

El mensaje concluye subrayando que dejar de ser definidos por nuestro pasado no significa negarlo o pretender que no existió, sino permitir que Cristo redefina completamente nuestra identidad basada en lo que Él ha hecho por nosotros y en nosotros. Como Pablo, somos llamados a considerar todo nuestro pasado —lo bueno y lo malo— como pérdida en comparación con el supremo valor de conocer a Cristo y ser conformados a su imagen.

La vida cristiana se presenta como una carrera que requiere determinación para dejar atrás lo que podría obstaculizarnos y extendernos hacia la meta de ser todo lo que Dios nos ha llamado a ser en Cristo. En esta carrera, el pasado no tiene la última palabra; es Cristo quien define quiénes somos y hacia dónde vamos.

Preguntas respondidas en "Dejando de estar definidos por el pasado"


¿Qué significa realmente dejar de estar definido por el pasado?

Dejar de estar definido por el pasado significa renunciar al derecho de permitir que eventos anteriores, sean fracasos o éxitos, determinen nuestra identidad presente y futura en Cristo. Como vemos en la predicación sobre Filipenses 3:12-16, Pablo nos muestra cómo él mismo, teniendo un currículo impresionante y una hoja de vida envidiable según los estándares de su tiempo (circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos, fariseo, celoso de la ley e irreprensible), consideró todo esto como pérdida y basura para ganar a Cristo. La palabra griega que Pablo usa para "basura" es particularmente fuerte: significa estiércol o excremento, ilustrando cuán completamente debemos desligarnos de cualquier identidad basada en logros pasados. Para el cristiano, esto representa una transformación radical de perspectiva donde reconocemos que nuestra identidad no está en lo que fuimos sino en quién es Cristo para nosotros ahora. Las Escrituras confirman esto cuando Pablo declara en 2 Corintios 5:17: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas." Esta libertad del pasado nos permite vivir en la gracia presente, prosiguiendo hacia la meta del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús, sin estar atados a antiguas glorias ni a antiguas cadenas.


¿Por qué es tan difícil para muchos creyentes dejar atrás su pasado?

Experimentamos dificultad para dejar atrás nuestro pasado porque, como señala la predicación, nuestras identidades humanas se forman naturalmente alrededor de nuestras historias y experiencias. Como Pablo muestra en Filipenses 3, tenemos una tendencia natural a aferrarnos a lo que conocemos, a nuestra "hoja de vida", sea esta positiva o negativa. Algunos se aferran a logros y méritos pasados como fuente de valor, como hacían los judaizantes contra quienes Pablo advertía a los filipenses. Otros quedan atrapados en culpas y vergüenzas de errores pasados, permitiendo que estos definan quiénes son hoy. La Biblia revela que esta dificultad tiene raíces espirituales: nuestra tendencia a confiar en la carne (Filipenses 3:3-4) y nuestra resistencia a vivir plenamente por fe (Hebreos 11:6). Además, Romanos 7:15-25 nos muestra la lucha interior que todos experimentamos entre nuestro viejo hombre y nuestra nueva identidad en Cristo. El enemigo también juega un papel en mantenernos atados, como "acusador de los hermanos" (Apocalipsis 12:10), recordándonos constantemente nuestros fracasos. Sin embargo, como enseña la predicación, el camino para superar esta dificultad comienza reconociendo que nuestra identidad no está en nuestras acciones pasadas sino en Cristo, quien nos alcanzó primero para transformarnos. Este reconocimiento nos capacita para hacer lo que Pablo describe: olvidar lo que queda atrás y extendernos hacia lo que está adelante.


¿Cómo puedo manejar la culpa por errores pasados sin minimizar la gravedad de mis faltas?

El manejo adecuado de la culpa por errores pasados se ilumina en Filipenses 3:12-16 cuando Pablo reconoce que "no ha llegado a la perfección". Esta admisión honesta nos muestra que dejar atrás el pasado no significa ignorar o minimizar nuestros errores, sino posicionarlos correctamente en relación con la gracia de Cristo. Cuando Pablo dice "olvidando lo que queda atrás", no sugiere amnesia espiritual sobre nuestros pecados, sino una nueva orientación de vida donde esos errores ya no definen nuestra identidad o futuro. El fundamento bíblico para manejar la culpa incluye reconocer plenamente nuestros pecados (1 Juan 1:9), aceptar la completa suficiencia del sacrificio de Cristo para borrarlos (Hebreos 10:14, Colosenses 2:13-14), y recibir la nueva identidad que Dios nos otorga (2 Corintios 5:17-21). Como creyentes, vivimos en la tensión de reconocer la gravedad de nuestros pecados mientras celebramos la magnitud del perdón de Dios. El peso de nuestra culpa fue tan grande que requirió la muerte del Hijo de Dios, pero su amor fue tan grande que pagó ese precio voluntariamente. No minimizamos nuestras faltas; más bien, maximizamos la gracia que nos permite dejarlas atrás y, como Pablo, extendernos hacia adelante en un camino de santificación progresiva, confiando que "el que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Filipenses 1:6).


¿Cómo se relaciona el concepto de "proseguir a la meta" en nuestro día a día?

"Proseguir a la meta" es mucho más que una frase inspiradora; como se destaca en la predicación, representa la esencia misma de la vida cristiana activa y progresiva. Pablo utiliza intencionalmente la metáfora atlética de una carrera, conociendo el profundo aprecio de los filipenses (ciudadanos romanos) por los juegos y competiciones atléticas. En nuestra vida cotidiana, esto significa que la fe cristiana no es un destino alcanzado de una vez por todas, sino un camino de crecimiento constante. Cada día nos presenta la oportunidad de "extendernos hacia adelante" en aspectos prácticos: cultivar una relación más profunda con Dios a través de la oración y el estudio de su Palabra; crecer en el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23); servir a otros con amor (1 Pedro 4:10); y resistir la tentación con creciente fortaleza (Santiago 4:7-8). La meta hacia la que corremos es "el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús", nuestra conformación completa a la imagen de Cristo (Romanos 8:29) y nuestra eventual glorificación con Él. Este enfoque en la meta nos proporciona propósito diario, nos ayuda a mantener la perspectiva correcta durante las dificultades, y nos impide estancarnos espiritualmente. Como enseña Hebreos 12:1-2, corremos "con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús", reconociendo que cada paso que damos es sostenido por su gracia y dirigido hacia la plenitud de vida en Él.


¿Qué significa "olvidar lo que queda atrás" en contextos donde el pasado incluye traumas y heridas profundas?

"Olvidar lo que queda atrás" en el contexto de traumas y heridas profundas no significa negar o suprimir experiencias dolorosas, como clarifica la predicación. Cuando Pablo usa esta expresión, no promueve una amnesia selectiva, sino una reorientación de perspectiva donde el pasado pierde su poder para determinar nuestra identidad y dirección. Para personas con traumas significativos, este proceso implica reconocer que, aunque el dolor fue real y las heridas legítimas, estas experiencias no tienen la última palabra sobre quiénes somos en Cristo. El fundamento bíblico para esta sanidad incluye la promesa de que Dios está "cerca de los quebrantados de corazón" (Salmo 34:18) y "venda las heridas de su pueblo" (Salmo 147:3). Jesús mismo vino a "sanar a los quebrantados de corazón" (Lucas 4:18) y nos ofrece un descanso donde podemos dejar nuestras cargas (Mateo 11:28-30). El proceso de "olvidar lo que queda atrás" en estos casos generalmente incluye: reconocer honestamente el dolor, llevarlo a la cruz de Cristo donde encuentra significado redentor (Romanos 8:28), perdonar a quienes nos lastimaron (Efesios 4:31-32), y permitir que Dios transforme nuestras heridas en fuentes de ministerio para otros (2 Corintios 1:3-4). A través de este proceso, no borramos el pasado, pero sí permitimos que Cristo redefina su significado en nuestra historia, convirtiendo incluso nuestras experiencias más dolorosas en testimonios de su poder sanador y transformador, liberándonos para "proseguir a la meta" con una libertad que solo su gracia puede proporcionar.


¿De qué manera podemos evitar que los logros y éxitos pasados se conviertan en obstáculos para nuestro crecimiento espiritual?

Los logros y éxitos pasados se convierten en obstáculos para nuestro crecimiento espiritual cuando comenzamos a derivar nuestra identidad y valor de ellos en lugar de Cristo. La predicación aborda directamente este peligro al destacar cómo Pablo, teniendo un impresionante currículum religioso y cultural, lo consideró todo como "basura" (literalmente "estiércol" en el original griego) para ganar a Cristo. Esta perspectiva radical nos muestra que incluso las cosas buenas y legítimas pueden convertirse en ídolos si les permitimos ocupar el lugar que solo Cristo merece. Para evitar esta trampa, necesitamos cultivar la humildad que reconoce que todo logro verdadero proviene de la gracia de Dios, como Pablo afirma en 1 Corintios 15:10: "Por la gracia de Dios soy lo que soy." También necesitamos mantener una evaluación sobria de nosotros mismos (Romanos 12:3), recordando que nuestros talentos y habilidades son dones recibidos para servir, no para glorificarnos (1 Pedro 4:10-11). La predicación nos recuerda que debemos adoptar la actitud de "proseguir", reconociendo que no hemos "alcanzado" o "llegado a ser perfectos", sino que estamos en un proceso continuo de crecimiento. Esta actitud de aprendizaje constante nos protege contra la complacencia y el orgullo que frecuentemente acompañan a quienes se definen por sus éxitos pasados. Al mantener nuestros ojos fijos en Jesús, "el autor y consumador de la fe" (Hebreos 12:2), descubrimos que incluso nuestros mayores logros palidecen en comparación con "la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús" (Filipenses 3:8).


¿Cómo puedo saber si estoy viviendo definido por mi pasado o por mi identidad en Cristo?

Discernir si estamos viviendo definidos por nuestro pasado o por nuestra identidad en Cristo requiere una honesta autoevaluación a la luz de la Palabra. Como muestra la predicación, Pablo tuvo que hacer este examen, reconociendo que su impresionante historial religioso no era fundamento adecuado para su vida. Algunas señales reveladoras de que podemos estar viviendo definidos por nuestro pasado incluyen: constantes referencias a logros o fracasos anteriores como justificación de nuestro valor presente; incapacidad para aceptar el perdón o perdonarnos a nosotros mismos; patrones repetitivos de comportamiento destructivo; y una perspectiva estancada que no puede imaginar un futuro diferente. En contraste, vivir definidos por nuestra identidad en Cristo se manifiesta en: un sentido de libertad y nuevo comienzo (2 Corintios 5:17); una confianza fundamentada no en nuestros méritos sino en la obra de Cristo (Filipenses 3:9); capacidad para perdonar a otros porque hemos sido perdonados (Colosenses 3:13); y una esperanza activa que nos impulsa hacia adelante (Filipenses 3:13-14). Las Escrituras nos ofrecen criterios adicionales: nuestros pensamientos reflejan nuestra identidad verdadera (Proverbios 23:7), por lo que debemos examinar si nuestros pensamientos habitualmente nos anclan al pasado o nos impulsan hacia Cristo. También podemos evaluar nuestros frutos (Mateo 7:16), observando si nuestras acciones y relaciones reflejan una vida antigua o una nueva creación. Finalmente, el Espíritu Santo mismo testifica a nuestro espíritu que somos hijos de Dios (Romanos 8:16), dándonos la seguridad interior de nuestra verdadera identidad cuando la abrazamos por fe.


¿Cómo afecta a nuestras relaciones con otros creyentes el dejar de estar definidos por el pasado?

Dejar de estar definidos por el pasado transforma profundamente nuestras relaciones con otros creyentes, creando una comunidad que refleja el Reino de Dios. Como muestra la predicación, Pablo no solo adopta personalmente esta nueva identidad en Cristo, sino que exhorta: "todos los que somos perfectos [maduros], tengamos esta misma actitud". Esta mentalidad compartida crea una iglesia donde la gracia define nuestras interacciones. Cuando dejamos de definirnos por nuestro pasado, dejamos de categorizar a otros por el suyo, permitiéndonos ver a cada persona como Dios los ve: nuevas creaciones con potencial transformador. Esto crea relaciones caracterizadas por: perdón genuino, pues quienes han experimentado el perdón divino por su pasado pueden extenderlo a otros (Efesios 4:32); humildad auténtica, ya que nadie puede jactarse ante la cruz donde todos necesitamos igual gracia (Efesios 2:8-9); aceptación mutua que trasciende diferencias sociales, étnicas y culturales (Gálatas 3:28); y una atmósfera de crecimiento donde nos animamos mutuamente a "proseguir hacia la meta" (1 Tesalonicenses 5:11). El fundamento bíblico para estas relaciones renovadas se encuentra en nuestra unidad en Cristo: "Un cuerpo, y un Espíritu... una esperanza... un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre" (Efesios 4:4-6). Esta unidad no ignora nuestras diferentes historias, sino que las redefine bajo una identidad compartida más profunda como familia de Dios. Así, la iglesia se convierte en un espacio donde practicamos juntos el "olvidar lo que queda atrás", recordándonos mutuamente nuestra verdadera identidad y apoyándonos en el camino hacia la madurez espiritual.


¿Cómo actúa la gracia de Dios en el proceso de dejar atrás el pasado y avanzar en la nueva vida que Él nos da?

La gracia de Dios es el fundamento esencial que hace posible dejar atrás el pasado, como se evidencia en Filipenses 3:12-16. Pablo comienza este pasaje reconociendo: "No es que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús". Esta frase revela que antes de que nosotros alcanzáramos algo, Cristo ya nos había alcanzado por gracia. Como enseña la predicación, no podemos liberarnos del pasado por esfuerzo propio; necesitamos la intervención divina que nos capacita para una nueva vida. La gracia opera en múltiples dimensiones: primero, como gracia justificadora que perdona nuestros pecados y nos declara justos (Romanos 3:24); luego, como gracia santificadora que nos transforma progresivamente (2 Corintios 3:18); y finalmente, como gracia sustentadora que nos mantiene en el camino hacia la meta (2 Corintios 12:9). Este proceso es enteramente dependiente de la iniciativa divina, como Pablo enseña en Filipenses 2:13: "Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para su buena voluntad". Paradójicamente, esta dependencia de la gracia nos libera para correr la carrera con mayor vigor, sabiendo que no corremos solos ni dependemos de nuestras propias fuerzas. El pasado pierde su poder definitorio sobre nosotros precisamente porque la gracia nos permite ver que nuestra identidad y destino están asegurados no por lo que hemos hecho, sino por lo que Cristo ha hecho y está haciendo en nosotros.


¿Qué pasos prácticos puedo tomar para comenzar a vivir sin estar definido por mi pasado?

Vivir sin estar definido por el pasado requiere acciones concretas que Filipenses 3:12-16 expone con claridad. Primero, como Pablo, necesitamos hacer una evaluación honesta de nuestra vida, reconociendo tanto los logros como los fracasos pasados que podrían estar determinando nuestra identidad. Segundo, debemos tomar la decisión consciente de "estimar como pérdida" aquello que antes considerábamos ganancia, reorientando nuestra mente hacia Cristo como nuestro supremo tesoro (Filipenses 3:7-8). Tercero, es vital adoptar la práctica deliberada de "olvidar lo que queda atrás", lo que implica resistir activamente la tentación de rumiar sobre errores pasados o glorias anteriores. Cuarto, debemos "extendernos hacia lo que está adelante", estableciendo metas espirituales que nos mantengan enfocados en el crecimiento futuro en lugar de en el pasado. Quinto, necesitamos nutrir nuestra nueva identidad a través del estudio regular de la Palabra, que renueva nuestra mente (Romanos 12:2) y nos recuerda quiénes somos en Cristo. Sexto, es crucial involucrarnos en una comunidad de fe donde podamos ser conocidos auténticamente y recibir el recordatorio constante de nuestra identidad en Cristo (Hebreos 10:24-25). Séptimo, debemos practicar la confesión regular de pecados, no para revolcarnos en la culpa, sino para experimentar la continua purificación que nos libera para seguir avanzando (1 Juan 1:9). Finalmente, como la predicación enfatiza, necesitamos mantener nuestros ojos fijos en "la meta" del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús, recordando que nuestra identidad definitiva no se encuentra en nuestro pasado ni en nuestro presente, sino en nuestro futuro glorioso con Cristo. Este enfoque práctico nos permite vivir cada día no como prisioneros de nuestra historia, sino como peregrinos que avanzan con esperanza hacia la plenitud prometida en Cristo.

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