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23 de noviembre de 2025

¿ES CRISTO TU MÁS VALIOSO TESORO?

ESCRITURA: FILIPENSES 3:7-8

Joan Florez

¿Es Cristo tu más valioso tesoro? 


La predicación enseña a colocar a Jesús como el tesoro más valioso frente a la incesante tendencia humana de buscar significado en aquello que es efímero. A partir de una reflexión sobre la vanidad de las cosas terrenas, la enseñanza desarrolla un despliegue que culmina en la valorización de Cristo como la única fuente de plenitud verdadera y duradera.


Contexto bíblico: la vanidad de la vida sin Dios

La introducción de la predicación sitúa al oyente ante una observación profunda sobre la naturaleza humana: la presencia de un impulso constante que nos lleva a perseguir aquello que promete satisfacción, y a menudo a cambiar de objeto de deseo sin encontrar descanso real. En este marco, la enseñanza cita y reorganiza la experiencia de Salomón, quien tras examinar toda la realidad “bajo el sol” concluye que todo es vanidad y corre tras el viento. Ese veredicto resume la experiencia de quien intenta llenar el vacío del corazón con riquezas, logros, conocimiento o placeres: ninguno de estos bienes ofrece un sentido que dure. La predicación subraya que esa búsqueda, aun cuando parezca legítima, no alcanza la meta última y deja al ser humano sin descanso verdadero, revelando que la vida sin una referencia divina es como correr tras el viento: infructífera y vacía.


La condición humana y la dinámica de las distracciones

A partir de la reflexión sobre la fragilidad de las cosas creadas, la enseñanza profundiza en la dinámica de la humanidad: somos como un “juguete de cuerdas” que necesita una dirección constante y un impulso que nos lleve a movernos. La predicación señala que, ante esa necesidad de algo que nos motive, el mundo ofrece promesas como el dinero, la pasión y experiencias que parecen sostenernos, pero que, con el paso del tiempo, pierden su novedad y ya no sostienen la emoción inicial. En ese contexto, la vida sin reglas podría parecer una opción atractiva para algunos, pero la enseñanza advierte que ese camino desemboca en fragmentación y en un desgaste moral y espiritual. Es ahí donde la predicación invita a decir: la verdadera dirección no se encuentra en las cosas que cambian, sino en un fundamento estable que reoriente los deseos.


El tesoro central: Jesús como la piedra angular prometida

La predicación introduce a Cristo como la pieza central de la respuesta divina a la condición humana. Se afirma que, siglos antes de su llegada, el profeta Isaías ya anunciaba un fundamento sólido y precioso: “por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.”. Este pasaje, citado desde Isaías 28:16, es presentado como el designio de Dios para la humanidad: Cristo es el regalo de Dios para la salvación de los pecadores, la piedra preciosa que sostiene toda la edificación espiritual. El lenguaje subraya que, si bien Jesús es extraordinario y valioso, los hombres a menudo lo desprecian o no lo reconocen como tal; sin embargo, la predicación recalca que la suficiencia de Cristo no depende de la percepción humana, sino de la designación divina y de la capacidad de Dios para abrir los ojos y dar discernimiento.


La piedra viva y la iluminación para comprender

La enseñanza continúa explorando la respuesta humana ante este regalo divino. Se cita que Cristo es una “piedra viva” (1 Pedro 2:4), desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios. Este pasaje subraya la tensión entre la valoración divina y la indiferencia o el rechazo humano. La predicación explica que el hombre natural no comprende las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son discernidas espiritualmente; es decir, la verdadera comprensión de la riqueza eterna de Dios llega desde la iluminación de Dios, no desde el razonamiento humano por sí solo. En este sentido, la experiencia de fe no es fruto de un simple análisis humano, sino de una obra de Dios que abre el entendimiento para recibir la gracia revelada en Cristo. La enseñanza enfatiza que la iluminación divina es necesaria para percibir el valor del tesoro que se ofrece y para que la vida humana pueda ser reformulada en torno a ese tesoro.


La respuesta espiritual: valorar a Cristo y vivir por la gracia

A partir de estos fundamentos, la predicación propone una configuración de vida centrada en Cristo como el tesoro supremo. Se recalca que la salvación y la verdadera satisfacción no provienen de las riquezas, del éxito o de las experiencias pasajeras, sino de la relación con la piedra angular que Dios ha puesto como base. La enseñanza subraya que la gracia de Dios habilita a creer, y que esa fe transforma los anhelos y prioridades del creyente. En vez de buscar llenar el vacío con lo que ofrece el mundo, la vida se reorienta hacia Cristo, quien da sentido, propósito y dirección a cada aspecto de la existencia. Se invita a los oyentes a discernir las verdaderas riquezas y a ordenar la vida de acuerdo con la revelación de Dios, no con la presión de las modas temporales o de las presiones culturales.


Aplicación práctica: vivir con Cristo como tesoro y responder a la gracia de Dios

La predicación no se limita a una reflexión teórica; propone una aplicación concreta para la vida diaria. En primer lugar, invita a revisar las prioridades: ¿qué ocupa el centro de la vida: Jesús como tesoro o las promesas engañosas de lo transitorio? En segundo lugar, exhorta a cultivar una vida guiada por la palabra de Dios, para que las decisiones diarias —en el trabajo, en las relaciones, en la ética— reflejen la supremacía de Cristo. La enseñanza advierte sobre la tentación de abrazar un estilo de vida “sin reglas”, que el mundo publicita como libertad, pero que, en realidad, puede descomponerse en fracturas morales y espirituales. En tercer lugar, se destaca la necesidad de buscar la guía divina mediante la oración, pidiendo iluminación, sabiduría y dirección para aplicar la verdad en la vida cotidiana. Esta predicación afirma que la verdadera libertad y plenitud no se obtienen al renunciar a principios o a una brújula moral, sino al someter todo a la sabiduría de Dios y vivir conforme a ese fundamento.


Conclusión: Cristo, el tesoro que derriba la vanidad

La enseñanza culmina sosteniendo que la única respuesta capaz de sostener una vida plena ante la fragilidad de lo temporal es descubrir a Cristo como el tesoro más valioso. El mensaje implica que la revelación de Cristo como piedra angular disipa la ilusión de que las riquezas o las experiencias pueden llenar el vacío interior. Al fijar la mirada en la persona de Jesús, la vida encuentra un fundamento sólido que no se altera con las circunstancias, una esperanza que no se agota con el tiempo y una guía que orienta cada decisión hacia la gloria de Dios. La predicación, en su oración final, busca que Dios continúe revelando ese tesoro y otorgando la sabiduría para vivir de acuerdo con él, de modo que la existencia humana se realice plenamente en la relación con el Salvador, que es, para siempre, el tesoro más valioso.

Preguntas respondidas en "¿Es Cristo tu más valioso tesoro?"

¿Qué significa exactamente decir que Jesús es mi tesoro más valioso?

Cristo es el valor supremo al que toda otra cosa debe subordinarse. El evangelio revela que conocer a Cristo es un tesoro incomparable; las riquezas de este mundo, la fama o los placeres, cuando se los compara con Él, quedan a la sombra. Pablo lo resume así en Filipenses 3:7-8: todo lo que antes consideraba ganancia lo considera pérdida por amor de Cristo, y estima como basura todo lo que no le ayuda a conocer a Cristo. En la parábola del tesoro escondido (Mateo 13:44) y de la perla de gran precio (Mateo 13:45-46), el Reino de los cielos se presenta como algo tan valioso que al encontrarlo uno venderá todo para comprarlo. Por ello, Cristo se convierte en la medida de todo, un fundamento seguro (Isaías 28:16; 1 Pedro 2:4-5) y la fuente de todo sentido y propósito. En la práctica, significa que mis decisiones, valores y prioridades giran en torno a Él y a su obra redentora en la cruz.


¿Qué significado tiene la idea de correr tras el viento?

Esa imagen viene de Eclesiastés 1:14, donde Salomón observa que todo lo que el mundo persigue bajo el sol termina siendo vanidad y querer capturar el viento. El mensaje es claro: sin Dios, nuestras búsquedas humanas (dinero, estatus, placer, logros) son transitorias y no satisfacen el vacío profundo del corazón humano. La prédica conecta esa realidad con la necesidad de hallar un valor estable fuera de estas cosas: Cristo. También se alude a que la vida llena de riquezas o placeres puede alejar de Cristo, como las preocupaciones y los placeres de la vida que ahogan la fe (la parábola del sembrador en Lucas 8:14).


¿Qué significa “vender todo” para ganar a Cristo?

No se propone un acto literal de despojarse de todo de inmediato, sino una revaluación radical de valores. Así como Pablo dijo que todo lo que antes contaba como ganancia ahora lo considera pérdida por Cristo (Filipenses 3:7–8), así también quien halla el tesoro o la perla en Mateo 13:44–46 entiende que nada es tan valioso como Cristo.

“Venderlo todo” significa entregar aquello que compite con Su lugar en el corazón: orgullo, pecado, ambición, afectos desordenados o ídolos internos. Es una disposición sincera a renunciar a cualquier cosa que nos impida conocer y disfrutar a Cristo. No es extremismo, es claridad espiritual: cuando vemos la belleza del tesoro, renunciar deja de ser un sacrificio y se convierte en gozo.


¿Cómo saber si realmente estamos valorando a Cristo como tesoro en nuestra vida diaria?

La prédica señala que cuando el mundo y sus “ganancias” ya no definen mi alegría última, y cuando la vida encuentra sentido en la relación con Cristo, entonces hay evidencia de haberlo encontrado como tesoro. También se ve en la lucha contra dejarse absorber por las riquezas, las preocupaciones y los placeres (Lucas 8:14; la semilla entre espinos). El Espíritu va reordenando prioridades: lo central ya no es lo que el mundo ofrece, sino la gloria de Cristo y su obra redentora (2 Corintios 4:4; 2 Corintios 3:18, si se lo aplica). En resumen: ¿doy más valor a Cristo y a su gloria que a mis planes, posesiones o reconocimiento?


¿Por qué necesitamos la obra del Espíritu Santo para poder apreciar la belleza y el valor de Cristo?

Porque por naturaleza no vemos el valor de Cristo. La Biblia enseña que el enemigo “ha cegado el entendimiento” para que las personas no vean la gloria del evangelio (2 Corintios 4:4), y que el hombre natural no puede comprender las cosas del Espíritu (1 Corintios 2:14).

Solo el Espíritu Santo puede abrir los ojos del corazón para que Cristo deje de ser una idea y se convierta en un tesoro real. Él ilumina, convence, guía y transforma. La oración, la lectura de la Palabra, la adoración y la comunión con la iglesia son los medios por los que el Espíritu nos revela la hermosura de Jesús y nos enseña a valorarlo por encima de todo.


¿Qué relación hay entre el evangelio y la valorización de Cristo como tesoro?

El evangelio es, en palabras de la prédica, la gloria de Cristo. Es Cristo y su gloria lo que el Evangelio anuncia y ofrece a las personas para ser salvados. Esto se ve en 2 Corintios 4:4, donde el mensaje del Evangelio es la revelación de la gloria de Cristo; en 1 Pedro 2:4-5, Cristo es la piedra viva, escogida y preciosa, y nosotros como creyentes formamos una casa espiritual. La centralidad de Cristo como tesoro nace del Evangelio mismo: Dios presenta a Jesús como el regalo para la salvación de los pecadores, y solo al abrazar ese regalo el corazón cambia su balanza de valores.


¿Qué pasajes clave debería estudiar para entender este tema?

Un plan breve de lectura podría incluir:

Mateo 13:44-46 (tesoro en el campo y perla de gran valor).

Filipenses 3:7-8 (valor de conocer a Cristo frente a todo lo demás).

Eclesiastés 1:14 (vanidad de las cosas bajo el sol).

Isaías 28:16 (piedra angular, fundamento seguro).

1 Pedro 2:4-5 (Cristo como piedra preciosa y nuestra casa espiritual).

2 Corintios 4:4 y 1 Corintios 2:14 (la iluminación y la necesidad de la gracia del Espíritu).
Estos pasajes conectan la idea de Cristo como tesoro, la revelación del Evangelio y la necesidad de una transformación espiritual.


¿Qué actitud debemos cultivar ante la verdad de que Cristo es nuestro tesoro?

La prédica concluye con un llamado a buscar entendimiento y guía del Señor. Por ello, la actitud adecuada es de humildad ante la Palabra, arrepentimiento cuando nuestro corazón se desvía y fe que acoge a Cristo como la meta más alta. Debemos orar pidiendo iluminación y dirección, y vivir de modo que cada día nuestra vida refleje que Cristo es nuestro tesoro (como se ve en el ejemplo de oración al inicio y durante la predicación). En la práctica: dedicar tiempo a la lectura y meditación de la Palabra, buscar la comunión de la iglesia, practicar la generosidad y orientar las metas personales hacia la gloria de Cristo.


¿Qué enseña la Biblia cuando llama a Jesús la “piedra angular” y cómo eso afirma su valor supremo en nuestra vida?

La “piedra angular” era la piedra principal que alineaba y sostenía toda una construcción. Isaías 28:16 y 1 Pedro 2:4–6 aplican esta imagen a Cristo, mostrando que Dios lo estableció como fundamento seguro y precioso. Sin Él, todo se derrumba; con Él, todo encuentra su lugar.

Ver a Jesús como piedra angular significa reconocer que nuestra vida espiritual se sostiene en Él: no en nuestras obras, emociones, logros o circunstancias. Es afirmar que Cristo no es un accesorio, sino la base sobre la cual se edifica todo lo demás. Y esa verdad nos asegura que quien confía en Él “no será avergonzado”.


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