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18 de enero de 2026

¿EN MANOS DE QUIÉN ESTAMOS?

PASAJE BÍBLICO: ESDRAS 6

Hanz Ramírez

¿En manos de quién estamos? 


Contexto bíblico y marco histórico 

La predicación introduce el relato de Esdras situándolo en un marco histórico de restauración tras el exilio. Se recuerda que Esdras se mueve en un escenario donde la nación de Judá ha regresado de Babilonia bajo la autoridad persa con el llamado a reconstruir el templo y restaurar la adoración en Jerusalén. En el tramo previo, Esdras 5, se enfatiza el valor de la exhortación divina: ante la descalabrada moral y la oposición externa, Dios envía a profetas para alentar al pueblo a cumplir su misión. El mensaje resalta que la lucha no se ha suspendido; la adversidad y la presión siguen ahí, pero la gracia de Dios se manifiesta en un llamado claro a levantarse y a obedecer. El relato se dispone a transitar desde ese contexto del capítulo 5 hacia el capítulo 6, que da la mirada final sobre la pregunta central de la predicación: En manos de quién estamos. 


El valor de la exhortación profética y la respuesta del pueblo 

La predicación explica que Hageo y Zacarías, como penúltimos profetas del Antiguo Testamento antes de Malaquías, no eran meros observadores, sino participantes activos en la obra. Ellos anunciaban la palabra del Señor con autoridad, llamando al pueblo a corregir su desviación y a retomar la labor detenida. Este ministerio profético se presenta como un ejercicio transversal en la historia bíblica: Dios usa mensajeros para proclamar su voluntad, ya sea a través de inspiración durante la formación de las Escrituras o de iluminación del Espíritu Santo en la era postcanónica. La enseñanza aclara una distinción clave: mientras la Biblia se construía, el Espíritu inspiraba nuevas revelaciones; ahora, con las Escrituras completas, su rol es iluminar para entender, aplicar y proclamar lo ya revelado (1 Corintios 14:3; 2 Timoteo 3:16–17). Frente a esta palabra, siempre hay dos opciones: ignorarla y perecer, o atenderla y vivir. En el capítulo 5, el pueblo elige la segunda, respondiendo con acción concreta —Hageo y Zacarías se unen a la construcción—, lo que demuestra que la exhortación genuina no es teórica, sino transformadora, impulsando a la obediencia incluso en medio de la adversidad. 


El capítulo 6: una ilustración de soberanía divina 

La predicación transita al capítulo 6, titulado “En manos de quién estamos”, como una respuesta directa a las incertidumbres del mundo actual. El capítulo narra cómo la carta de denuncia enviada por los enemigos al rey Darío —en un intento de detener la construcción— lleva, paradójicamente, a una orden real de apoyo a la obra. Darío ordena buscar en los archivos imperiales y, al encontrar el decreto original de Ciro que autorizaba la reconstrucción, no solo confirma el permiso, sino que provee recursos y amenaza con castigo a quienes interfieran. Esta reversión dramática ilustra la soberanía de Dios sobre los reyes y las naciones: lo que los humanos pretenden para mal, Dios lo usa para bien. La enseñanza enfatiza que el pueblo de Dios está en manos de un Señor que controla los corazones de los gobernantes (Proverbios 21:1) y que transforma la oposición en oportunidad. Espiritualmente, Esdras 6 y el marco que lo rodea se convierten en una invitación a confiar en el control soberano de Dios incluso cuando la historia parece incierta. En un contexto de cambios políticos, sociales y culturales —muy al día con la turbulencia de nuestro tiempo—, la predicación exhorta a anclar la vida en la providencia divina: “en manos de quién estamos” no es solo una cuestión de teología, sino de experiencia práctica de fe. Los creyentes no están a merced del caos, sino en las manos de un Dios que dirige la historia para cumplir sus propósitos.


Aplicaciones prácticas para la vida del creyente en tiempos inciertos

En medio de una ciudad y un tiempo marcado por noticias de agitación, elecciones y movimientos sociales, la pregunta es si la comunidad de fe es un lugar de esperanza, verdad y testimonio, o si se deja llevar por la ansiedad o el desaliento. El llamado práctico es claro: permanecer firmes en la identidad en Cristo, sostenerse en la Palabra y en la oración, y comprometerse a vivir como casa de Dios en la que se edifica y sostiene la obra de Dios. Esta fidelidad se expresa en la valentía de reconocer públicamente la fe, incluso ante la hostilidad, y en la disposición a trabajar junto a otros para continuar la labor de edificar la iglesia, la “casa de Cristo” en la historia. Espiritualmente, esto fomenta una dependencia en la providencia de Dios, quien observa y actúa en favor de su pueblo, recordando pasajes como Salmo 33:18-19, donde los ojos del Señor están sobre los que le temen, para librarlos de la muerte y sustentarlos en tiempos de hambruna.


Conclusión: confianza en la soberanía de Dios

La predicación cierra con una exhortación a la fidelidad: entender que la vida del cristiano y la misión de la iglesia no depende de la casualidad, sino de la confianza en un Dios que sostiene su obra. En medio de un futuro incierto, la enseñanza invita a mirar más allá de las circunstancias presentes y a confiar en la soberanía de Dios, quien, a través de su Palabra y de su Espíritu, continúa reuniendo, fortaleciendo y enviando a su pueblo a cumplir con la misión. El llamado no es a una seguridad basada en controles humanos, sino a una fe que permanece en la gracia de Cristo y que, fundamentada en la verdad bíblica, se mantiene firme para edificar la casa de Dios, aun ante la oposición y la incertidumbre del mundo. Esta verdad libera del miedo, invitando a una vida de servicio fiel, sabiendo que los ojos del Señor están atentos y que su poder se manifiesta en favor de los que le buscan con corazón íntegro. Así, la reconstrucción del templo se convierte en metáfora de la edificación personal y comunitaria en Cristo, donde la gracia de Dios sostiene y completa lo que el hombre no puede.

Preguntas respondidas en "¿En manos de quién estamos?"


Cuando las circunstancias parecen estar controladas por poderes humanos, ¿quién tiene realmente el control de la historia? 

Esdras 6 muestra con claridad que, aunque los reyes de la tierra emiten decretos y toman decisiones, el curso final de la historia está en manos de Dios. Darío confirma el decreto de Ciro y ordena que se continúe la reconstrucción del templo, no porque Israel tenga poder político, sino porque Dios gobierna incluso sobre los imperios. La predicación enseña que no estamos a merced del azar ni del capricho humano, sino bajo la soberanía de Dios, quien mueve corazones y circunstancias conforme a su propósito. Proverbios 21:1 afirma que el corazón del rey está en la mano de Jehová, y el evangelio confirma esta verdad al mostrarnos que Dios usó incluso la autoridad romana para cumplir su plan de salvación en la cruz. 


¿En manos de quién estamos cuando enfrentamos oposición por obedecer a Dios? 

El pasaje muestra que los enemigos de Judá intentaron frenar la obra, pero terminaron siendo obligados a sostenerla. La predicación subraya que cuando el pueblo de Dios camina en obediencia, su seguridad no está en la ausencia de oposición, sino en las manos de Dios. Esdras 6 enseña que Dios puede transformar la oposición en instrumento de provisión y protección. Romanos 8:31 reafirma esta verdad: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”. El evangelio nos recuerda que Cristo venció la mayor oposición —el pecado y la muerte— confiándose plenamente en las manos del Padre. 


¿Es Dios fiel en cumplir sus promesas? 

El decreto de Ciro, confirmado por Darío, demuestra que Dios no olvidó la promesa hecha años atrás acerca del regreso y la restauración. La predicación resalta que Dios es fiel a su palabra aun cuando pasan generaciones. La culminación del templo confirma que lo que Dios promete, lo cumple. Hebreos 10:23 nos exhorta a mantener firme la esperanza, porque fiel es el que prometió. El evangelio es la mayor evidencia de esa fidelidad, pues todas las promesas de Dios encuentran su “sí” en Cristo. 


¿Qué papel juega la obediencia humana cuando Dios ya ha determinado el resultado? 

Aunque Dios garantiza el cumplimiento de su plan, el pueblo debía levantarse, construir y consagrarse. La predicación enseña que la soberanía de Dios no anula la responsabilidad humana, sino que la fundamenta. El pueblo obedece porque confía en que está en las manos de Dios. Filipenses 2:12–13 expresa esta tensión santa: Dios obra en nosotros tanto el querer como el hacer, y nosotros respondemos con obediencia. El evangelio nos llama a una fe activa, no pasiva. 


¿Qué esperanza tengo si siento que mi fe se ha debilitado por las situaciones que me rodean? 

Para Israel, la reconstrucción del templo simbolizaba restauración después del exilio. La predicación señala que Dios no desecha a su pueblo por su fracaso, sino que obra restauración. Esdras 6 proclama esperanza para los que regresan con manos vacías, pero corazones expectantes. El evangelio proclama esta misma esperanza: en Cristo, Dios restaura lo que parecía perdido y nos reconcilia consigo mismo (2 Corintios 5:18). 


¿En manos de quién estamos realmente? 

La respuesta final de la predicación es clara: estamos en las manos soberanas, fieles y buenas de Dios. Esdras 6 nos muestra a un Dios que gobierna la historia, cumple sus promesas, protege a su pueblo y conduce todo hacia su gloria. El evangelio confirma esta verdad al revelarnos que esas mismas manos fueron traspasadas en la cruz para asegurar nuestra salvación. Como dice Juan 10:28, nadie puede arrebatarnos de la mano del Padre. Vivir esta verdad transforma el temor en confianza y la incertidumbre en esperanza.

La predicación afirma que, aunque las decisiones de reyes como Darío en Esdras 6 afectan nuestra vida terrenal, los creyentes estamos en las manos soberanas de Dios, quien dirige los corazones de los gobernantes para cumplir sus propósitos. El decreto de Darío, que invirtió la oposición en apoyo para la reconstrucción del templo, ilustra cómo Dios usa autoridades humanas sin que ellos escapen a su control. Proverbios 21:1 lo declara: el corazón del rey está en la mano de Jehová como las aguas de un río; lo dirige a donde quiere. En el evangelio, Jesús enseña que su reino no es de este mundo (Juan 18:36), y Pablo en Romanos 13:1 afirma que no hay autoridad sino de parte de Dios. En tus dudas sobre líderes mundiales o eventos caóticos, recuerda que estás en manos de un Dios fiel que transforma lo malo en bien (Génesis 50:20), invitándote a orar por autoridades (1 Timoteo 2:1-2) y a vivir con confianza, sabiendo que su plan redentor en Cristo asegura tu destino eterno.


¿Qué pasaría si elijo desobedecer a Dios? 

La predicación explica que, frente a la palabra del Señor, las opciones son ignorarla y perecer en la desobediencia, o atenderla y vivir en obediencia fructífera, como hizo el pueblo en Esdras 5 al responder al llamado de Hageo y Zacarías, retomando la construcción del templo a pesar de la adversidad. Esta elección no es neutral; revela el corazón y determina el camino. El fundamento evangélico se halla en Deuteronomio 30:19, donde Dios pone delante del pueblo vida y muerte, bendición y maldición, exhortándolos a elegir la vida para que vivan ellos y su descendencia; en el Nuevo Testamento, Jesús lo reitera en Mateo 7:24-27 con la parábola del sabio y el necio, donde quien oye y hace la palabra es como la casa sobre la roca, inquebrantable en la tormenta. En el centro del evangelio, esta decisión se resume en responder a la gracia de Cristo: atender su llamado al arrepentimiento y la fe trae vida eterna (Juan 10:10), mientras que ignorarlo lleva a la separación de Dios; por eso, en medio de tus dudas, elige atender la palabra hoy, sabiendo que Dios, en su misericordia, usa su verdad para guiarte hacia una vida plena en Él. 


¿Cómo se manifiesta la soberanía de Dios a través de decretos humanos? 

La predicación muestra que Dios obra su voluntad soberana mediante líderes como Ciro y Darío en Esdras 6, donde un decreto de oposición se convierte en provisión abundante para el templo, financiada por el tesoro real y con castigos para opositores. Esto no es coincidencia, sino providencia divina que usa autoridades para avanzar su reino. El principio bíblico se ve en Isaías 44:28 y 45:1, donde Dios nombra a Ciro como su ungido para reconstruir Jerusalén, mucho antes de su nacimiento; en el Nuevo Testamento, el edicto de César Augusto en Lucas 2:1-7 lleva a José y María a Belén para el nacimiento de Jesús. El evangelio revela que Dios, en su sabiduría, dirige la historia para cumplir la redención en Cristo (Efesios 1:11), quien reina sobre reyes (Apocalipsis 19:16). Si te preguntas por qué Dios permite líderes imperfectos, considera que su soberanía asegura que nada frustra su plan; en Cristo, encontramos seguridad, orando por sabiduría para navegar este mundo bajo su mano guiadora. 


¿Por qué es importante la purificación en la adoración y la obediencia? 

La predicación enfatiza que la purificación ritual en Esdras 6, donde sacerdotes y levitas se purifican para dedicar el templo, simboliza la necesidad de santidad para acercarse a Dios, recordando que Él es santo y nosotros, en nuestra condición natural, somos impuros. Esto no era legalismo, sino preparación para honrar su presencia. En Levítico 16, el Día de la Expiación ilustra la purificación por sacrificio; en el Nuevo Testamento, Hebreos 9:14 explica que la sangre de Cristo purifica nuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo. El evangelio centra esta verdad en la obra de Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29), permitiéndonos acercarnos con confianza (Hebreos 4:16). Hoy, la purificación se vive en el arrepentimiento diario y la santificación por el Espíritu (1 Tesalonicenses 5:23), invitándote a examinar tu corazón y a depender de la gracia de Cristo para una vida santa que glorifique a Dios en adoración y obediencia. 


¿Cómo se edifica la casa de Dios hoy, y qué rol tenemos en esa obra? 

La predicación enseña que la reconstrucción del templo en Esdras representa la edificación de la iglesia de Cristo hoy, donde cada creyente es una piedra viva contribuyendo a su crecimiento. En el capítulo 6, la obra prospera por obediencia a la palabra y provisión divina, no por fuerza humana. 1 Pedro 2:5 lo explica: vosotros, como piedras vivas, sed edificados casa espiritual y sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales; Efesios 2:19-22 añade que somos coherederos en la casa de Dios, edificada sobre el fundamento de apóstoles y profetas, con Cristo como piedra angular. El evangelio nos llama a edificar mediante amor, servicio y proclamación (1 Corintios 3:9-11), dependiendo de la gracia de Dios para evitar obras vanas. En tus dudas sobre tu contribución, recuerda que Dios te ha colocado en su casa para un propósito; vive en obediencia, edificando con humildad, y confía en que Él completará la obra en Cristo, trayendo gozo eterno a su pueblo.

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